Año V, No 001, Enero - Junio, 2001


El Estado Empresarial y los Productores Graneros en México y Sinaloa
(Ponencia para el III Seminario Latinoamericano “Estado gerencial en América Latina, Impacto y consecuencia”. Mazatlán, Sinaloa, 29, 30 y 31 de marzo del 2001)



MC Oscar A. Aguilar Soto
Investigador Instituto de Investigaciones
Económicas y Sociales Universidad Autónoma de Sinaloa
Mexico



Introducción

El sistema económico capitalista, se reforma y adapta a sus necesidades de reproducción la operabilidad mundial. Sus patrones de acumulación, sostenedores de las dinámicas regionales y nacionales, mutan rápida y radicalmente.

Así, no cabe la menor duda de que, específicamente en América Latina, los paradigmas y las políticas socioeconómicas del Welfare State hace años que se debilitan. Al respecto, huelga resaltar que, en los momentos actuales de globalidad, la mayoría del todo se sujeta a las indicaciones del neoliberalismo. Modelo excluyente que, basado en el libre mercado, rechaza la participación regulatoria del Estado sobre las actividades productivo comerciales de la sociedad.

Preocupados en los desequilibrios sociales que ello acarrea, en esta ponencia analizamos como la política neoliberal ahonda la segmentación de grupos amplios de la nación mexicana. Asimismo, como en Sinaloa la agricultura y sus integrantes tuercen sus roles productivos. Concretamente vemos las causales del porque los agroempresarios cada vez mas liderean la producción y comercialización granera.

I). Consideraciones glocales

Es conocido que de los años cuarenta a finales de los sesenta se estructuró el patrón de acumulación fordista. Mismo que se caracterizó por ser masivo e incluyente. Lo cual se derivó de las particularidades técnicas del régimen productivo, el ciclo expansivo que vivía el capital, así como de la importancia de la agricultura al desarrollo de la industrialización y su incerción como rama alimentaria. Face en la que no todos sus integrantes contribuyeron por igual. A saber, en el sector agrícola latinoamericano y, medularmente mexicano, el papel central lo jugaron los campesinos.

Como todo proceso el fordismo, amen de su periodo de auge, entró en decadencia. A principios de la decada de los setenta se deterioró el sistema de fuerzas imperantes mundialmente y se debilitaron los pilares que sustentaban el Estado de bienestar. Puede decirse que estrcuturalmente la forma incluyente e inserción masiva de los trabajadores llego al limite en los años ochenta. Declinó la concepción Keynesiana del desarrollo económico y se rompieron los pactos con las sectores menos favorecidas, como los campesinos. De tal suerte que, entre otros, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se colocaron como ejes del poder global

Producto de tales hechos, las políticas de crecimiento económico y social han observado transformaciones en sus estrategias de desarrollo entre las que se encuentran las agrícolas. Surgió así el neoliberalismo. Rapidamente, se hizo evidente la discordancia entre la forma de producción campesina y las nuevas necesidades industriales. A la par que ya no era prioritario el abaratamiento de los bienes alimentarios provenientes del campo, se requería una oferta abundante que estos no podian proporcionar. Con ello resurgen las políticas restrictivas de demanda y de una apertura comercial gradual y segmentada en la que la producción de granos de los paises latinoamericanos, como México, se ha visto disminuida y dejada en manos de agroempresarios.

II). Semblanzas político productivas del ámbito granero nacional

El cultivo de granos básicos, particularmente de maíz, se mantuvo dinámico hasta finales de la década de los setenta, gracias a políticas económico proteccionistas (subsidios generalizados, créditos baratos y precios de garantía ligeramente superiores al índice inflacionario, etc.) implementadas por el gobierno a través de sus programas agrícolas como el Sistema Alimentario Mexicano (SAM), catalogados ahora como populistas por su orientación social, en atención a que favorecieron mayormente a grupos con características campesinas.

Sin embargo en los años siguientes, dicha situación viró radicalmente con el agotamiento del Welfare State y el surgimiento de un nuevo patrón de acumulación que excluye a los productores de subsistencia. Específicamente inicia, en el espacio rural mexicano, la operabilidad de la política neoliberal vía el Programa Nacional de Desarrollo Rural Integral (PRONADRI) y el Programa Nacional de Alimentos (PRONAL). Profundizándose luego con el Programa Nacional de Modernización Agrícola (PRONAMOCA) y el Programa Alianza por el Campo (PAC). Cuyas prioridades genéricas, eran el aseguramiento de la estabilidad, proteger la capitalización y rentabilidad de la agricultura en riego y buen temporal e incrementar los niveles productivos y de ingreso de los productores fructuosos, capaces de competir con sus similares en los mercados globalizados e integrados al viejo GATT como al actual TLCAN.

Recordemos que ello ha causado quebrantos sectoriales. La baja rentabilidad del campo, esgrimida como resultado del fomento agrícola e impulso diferencial a la producción (riego y temporal) y a la comercialización del maíz, ha transitado de la época de los setenta a la fecha, por tres etapas fundamentales: el gasto público como punto básico del desarrollo; las estrategias de ajuste y estabilización que a partir del “Boom” de la deuda externa obligaron a disminuir el desembolso público (con orientación al abasto de alimentos) en 1982; y el endurecimiento de la política económica neoliberal en los años noventa, cuyas propuestas y acciones han debilitado la participación del Estado en la esfera económica y generado conflictos político sociales como el de los indígenas y campesinos integrantes del EZLN en Chiapas.

En todas esas fases, el ámbito agrícola mexicano ha sufrido transformaciones políticas e inestabilidades económico productivas. La permanente variación de la estrategia gubernamental obedece a la instauración de un modelo de desarrollo cada vez más sujeto a intereses del sector externo, lo cual los ha llevado ha renunciar categóricamente al logró de la tan anelada autosuficiencia o soberanía alimentaria (maicera) y colocado al sector en una posición más subordinada a la estrategia de crecimiento industrial bajo el presente modelo de economía abierta.

A saber, en el sexenio de Miguel de la Madrid se reformaron los artículos 25, 26, 27 y 28 de la constitución política del país logrando cambios económico políticos que afectaron directamente la propiedad rural, los sistemas de cultivo y comercialización granera. Al grado que la participación orgánica de los agricultores empresariales hasta de subsistencia y el comportamiento de su producción, registran momentos erráticos que, con valores extremos, indican ciclos de estancamiento y recuperación.

Este proceso de reestructuración rural, más estructural que circunstancial, ha estado permeado por requerimientos sociopolíticos y productivos muy marcados pero todavía irresueltos. De tal suerte que grupos amplios de medianos y pequeños agro empresarios y campesinos de la CNC-LCA y de organizaciones independientes como de privadas, presionaron al gobierno a darles seguridad en la tenencia de la tierra y aplicar una política blanda de subsidios y precios de garantía mayores a los costos de los insumos productivos.

Pese a ello, el desarrollo de las medidas neoliberales de frente a la débil organización de la mayoría de los actores rurales medios, pequeños y de subsistencia neutralizo algunas de esas disposiciones proteccionistas. El gobierno de Carlos Salinas reformó de nueva cuenta el Artículo 27 constitucional, auspiciando a los productores de mayor rentabilidad y, en contrapartida, aceleró el empobrecimiento de muchos. A los cuales se les aplicó en primera instancia el PRONASOL y posteriormente el PROCAMPO, arrojándoseles directamente al mercado de trabajo, al rentismo parcelario y a la marginalidad de la marginalidad mejor conocida como pobreza extrema.

La condición de este espacio fue agudizada por la recurrente crisis del país y los candados externos del libre comercio, dió como resultado una insuficiencia granera, especificamente de maíz, que ha llevado paulatinamente al Estado a reestructurar su política. Se aprecia en el PAC de Ernezto Zedillo y en la fallida actual ley de desarrollo rural (vetada por Vicente Fox) , cuyas líneas dejan difinitivamente a la buena del PROCAMPO a los agricultores chicos y de subsistencia. Además, continuan impulsando y fortaleciendo la organización económico productiva y los circuitos comerciales de los grandes y medianos cuyas formas de producción, subjetividad, potencial y capacidad de integrarse los consolida año con año como los pilares centrales del desarrollo agrícola maicero de México.

Claro esta que las estrategias programáticas de apertura mercantil, implementadas a partir de los ochenta y profundizadas en los noventas, han dirigido sus apoyos reales a la agricultura capitalizada. Desde entonces, el comportamiento agrícola es enteramente distinto. La producción maicera mostró recuperación en aquellas zonas de riego y buen temporal, cuyo nivel tecnológico les permite rendimientos altos o medios. Tan ciertos son estos hechos que se han prefigurado tendencias y esquemas regionales no únicos pero convergentes en contra de los productores minifundistas.

El nuevo patrón de acumulación ha orillado a que, con mayor fuerza, las unidades pequeñas y de subsistencia tiendan a dejar de producir hasta el grano que siembran o consumen. Son subsumidas directa e indirectamente por los agricultores de solvencia económica. Aspecto que los convierte en obreros o productores asalariados. Obligándolos a emigrar a Estados Unidos, los espacios agroempresariales y las urbes nacionales donde son empleados informalmente por los servicios, la industria de la construcción y las actividades del crimen organizado. Así, la política económica y la política política han ahondado las disparidades de la agricultura nacional.

De acuerdo con la perspectiva anterior, en entidades como Sinaloa, Tamaulipas, Sonora y Baja California, el incremento reciente de los montos graneros ha estado asociado más al sector empresarial que al campesino. La utilización de la “técnica moderna” y el riego, sumados a los apoyos preferenciales de los gobiernos estatal y federal, han logrado potenciar la producción de dichos agricultores. Al grado que, sin lugar a duda, incursionan y lideran la obtención y comercialización de maíz.

Contrastando esa realidad, pero insertos en esa misma dirección, los espacios pequeños y los de subsistencia de los estados de México, Puebla, Veracruz, Guerrero Oaxaca y Chiapas constituyen, pese a su crisis recurrente, los productores centrales del grano. Sin embargo, aún en estos lugares, los grandes agricultores y empresarios del sector son, día con día, cada vez más fuertes; en tanto que los campesinos resultan cada vez más marginados, situación que los conduce a diversificar sus actividades extra predios para la sobrevivencia

 

III). Particularidades del desarrollo agroempresarial de los productores

     graneros en Sinaloa

 

La producción de maíz en Sinaloa, amen de las caídas nacionales, ha incrementado invariablemente sus montos y rendimientos. Sin embargo, la racionalidad mercantil y reglamentación agrícola supeditada al TLCAN como a la circunstancialidad de las perturbaciones climatológicas, han causado que su obtención regular sea débil y altibaja. Dicho fenómeno es observado centralmente en las zonas temporaleras donde el fomento financiero a sus capacidades es conservador.

Es más, aún cuando parcialmente la política económica ha inducido un modelo de crecimiento agrícola basado en la protección comercial y los mejores precios relativos, este grano reduce su potencialidad interna. Tan es así que, a partir de mediados de los noventa (1996/1997), sus superficies sembrada como cosechada y nivel de producción disminuyen gradualmente. Tenemos que esos comportamientos negativos –sobre todo en los espacios de menor competitividad– han generado un incremento de las importaciones maiceras del país.

Con todo es de señalarse que la aplicación de los estímulos gubernamentales, ha colocado a este cereal como preferencial entre el grueso de los agricultores medios y pequeños de los valles, más no de la sierra y costas regionales. De tal suerte que su volumen ha aumentado –gracias al uso de riego, la alta tecnología y la semilla híbrida– con más rapidez que lo obtenido en promedio por el resto de las entidades de México. Es de destacarse que esta situación ha colocado en múltiples años a Sinaloa, sobre todo en la década de los noventa, entre los cinco principales productores maiceros nacionales.

A pesar de sus controversias regionales, por su derrama económica y empleo derivado directa e indirectamente, constituye el grano de más valía para la mayoría de los agricultores del estado. En los últimos años su crecimiento, ha sido esencialmente fruto del factor capital y la habilidad en el uso de los insumos productivos. Específicamente, su dinámica en riego y buen temporal ha originado niveles de ingreso relevantes. Al respecto su aportación al PIB agrícola sinaloense es un hecho que lo ilustra claramente.

No obstante nadie oculta que producto de las políticas de segmentación, los maiceros se debilitan, pero con mayor agudeza los insertos en temporal. Es evidente un ritmo decreciente de la producción. Tendencialmente, este comportamiento símil al nacional implica la existencia de una conducta irracional y discrecionalidad del Estado con respecto a los agentes económicos. De esa forma, la disparidad estructural de los productores justifica la disimilitud creciente en productividad y liderazgo en la obtención y comercialización del maíz regional.

Lo anterior indica que el agricultor en riego ha sido mayormente favorecido por las políticas del Estado, debido a que ha alentado su expansión productiva y capitalización. Así, la evolución de las áreas cosechadas en temporal es inestable comparativamente con las de riego. Tal manifestación, exhibe problemática coyuntural y la heterogeneidad estructural en que se desarrolla el sistema agrícola estatal. De hecho a su interior destaca por su rendimiento, sobre todas las formas existentes, el carácter empresarial de su producción maicera.

Aunado a tales disparidades agrícolas, se muestra como revelador el comportamiento del grano en riego de la década de los ochenta y, con todos sus descensos, sobresaliente nacionalmente en los noventa. No obstante en ambas temporalidades, matizadas por la implementación de la política neoliberal, se ha ahondado el débil crecimiento del precio del cereal y la elevación de los costos de los insumos con que operan los agricultores, alterando económica como políticamente el desarrollo agrícola de la región.

Puede decirse que la importancia del maíz es de tal envergadura que su representación grafica (la milpa y sus elotes) ha ido reemplazando a símbolos regionales del siglo, como la caña de azúcar y el algodón que por mucho tiempo dieron identidad productiva y fortaleza económica local, nacional e internacional a municipios del centro y norte del estado, tales como Guasave, Navolato, Angostura, Ahome y El Fuerte. Tan real es que a la fecha Sinaloa esta colocado, por su monto y productividad como una potencia maicera en el país. Más del 80% del cereal se ha generado, al igual que en otros estados del centro y norte de México, en predios irrigados, mecanizados y con el uso de semilla certificada, lo cual se traduce de acuerdo con los registros de la SAGAR y la CAADES en una productividad media de ocho toneladas por hectárea.

IV). Fortalezas y debilidades de la agricultura granera Sinaloense

Fortalezas

5Es la entidad de más infraestructura y capacidad hidráulica del país. Cuenta con once presas de abastecimiento, e innumerables derivadoras, canales de distribución de agua para uso agrícola, drenes y caminos. Lo cual le permite tener la mayor extensión de tierras bajo riego de México .

5Estructuralmente la agricultura soporta un patrón de cultivos de más de cuarenta productos, entre los que destacan, regional y nacionalmente, por el nivel de sus montos, rendimientos y utilidad comercial, los cultivos cíclicos principales (trigo, maíz, soya, sorgo, frijol, cártamo, tomate y arroz)

5Organizativa y productivamente la agricultura capitalista esta fincada en los grandes y medianos agricultores empresariales. Lo cual ha permitido que, pese a las dificultades estructurales o climatológicas, el crecimiento de la producción agrícola siga siendo relevante estatal y nacionalmente.

5La agricultura, signada por un tratamiento de corte empresarial, poseedora de importantes sistemas de riego, flujos permanentes de tecnología y elevadas producciones y liderazgo en ciertos granos (maíz), ha permitido que su participación en la estructura del PIBE siga siendo relevante.

5Los productos cíclicos principales se han colocado, por su volumen y valor, como los de mayor trascendencia estatal. Sobresalen, por su rendimiento y las expectativas de ganancia que emanan los requerimientos de su demanda nacional y extranjera, el tomate y, debido a su actual auge, el cultivo del maíz. Situación que ha llevado a la entidad a ubicarse como uno de sus obtenedores centrales.

Debilidades

5A pesar de la relevancia regional y nacional las presas y redes de infraestructura hidráulicas, desde su construcción han tenido deficiencias marcadas. No han logrado operar ni a la mitad de sus capacidades ya que Invariablemente su funcionamiento está sujeto a las condiciones materiales de su estructura física, Misma que no recibe el mantenimiento adecuado por falta de financiamiento.

5Las políticas de desarrollo y especialización de la estructura capitalista de la agricultura son excluyentes. Han orientado a priorizar, cada vez más, la explotación de productos ligados con el uso de la tecnología de punta, los sistemas de riego y la estructura del mercado internacional. Lo cual ha colocado al ejidatario temporalero y de subsistencia en problemas serios de marginalidad.

5Los productores pequeños y de subsistencia agobiados por su improductividad y miseria venden o abandonan sus tierras y se convierten en productores asalariados o jornaleros en sentido estricto. A partir de que son empujados, por su extrema pobreza, a enrolarse en acciones productivas licitas con acentuada subsunción al capital o ilícitas cuando son contratados como peones en campos propiedad de narcotraficantes.

5La maquinaria agrícola ha evolucionado despaciosamente, con ataduras y carencias financieras. Tuvo retrocesos severos en la década de los ochenta. Pero avanzo lenta y pausadamente en los noventa, básicamente a partir de 1996 con la implementación del Programa Alianza por el Campo.

5El acopio y la comercialización de los productos agrícolas, se han desarrollado cuantitativa y cualitativamente con grandes inconvenientes. La capacidad de almacenamiento de las bodegas del sector público y el social han caído, afectando mayormente a los productores ejidales que carecen de infraestructura.

5La agricultura, a diferencia del comercio y los servicios, ha tenido de 1980 a la fecha una participación poco destacada y estable en el PIBE. Más que crecer su contribución en términos de valor ha caído. Amén que, de manera particular, su colaboración sectorial al Producto Agropecuario Estatal también ha reflejado variaciones con tendencias altibajos graduales y marcados a disminuir.

5Las pautas productivas de las zonas agrícola modernas comienzan a tocar sus limites ecológicos y económicos al acelerar el proceso de eutrofización en los ríos y lagunas, debido a la utilización de fertilizantes e insecticidas; así como, al incremento significativo en los precios de los principales insumos requeridos por este modelo.

Conclusiones

Los esquemas productivo agro empresariales avanzan con los procesos de reformas estructurales del mercado, subsumiendo al resto. Los del sector social minifundista o de subsistencia continúan, reflejo de los cambios en los patrones de acumulación, pauperizándose en el país. En términos reales, en Sinaloa el capital controla sus espacios y los saca de la actividad maicera.

De acuerdo con la evidencia podemos palpar que, en la fase actual de la economía mexicana, solo se ha incrementado la producción de maíz ligada al uso de los paquetes tecnológicos y las zonas de riego. Así, las características físicas de la tenencia y propiedad de la tierra de los productores menos favorecidos, los fundamentos de su existencia y el tipo de relaciones socioeconómicas en las que están inmersos les han ocasionado ineficiencia productiva y comercial. Lo cual es posible sobreponer, mediante un nuevo pacto económico-político entre estos y el actual Estado gerencial montado en nuestro país por el PAN .

Bibliografía Consultada

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Kay, Cristóbal. “Neoliberalismo y estructuralismo. Regreso al futuro”. En Revista Memoria Tercer milenio, número 117 noviembre de 1998 Publicación mensual del Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista, México DF

Rubio, Blanca De explotados a excluidos: los campesinos latinoamericanos frente al nuevo milenio. Ponencia presentada al II Simposio Internacional sobre "Globalización y Sistemas Agroalimentarios" Caracas, Venezuela, del 15 al 17 de julio de 1998

Torres Torres, Felipe y Senovio Romero, Roberto. Impacto del mercado libre en el sistema de maíz tortilla (documento inédito), México DF, febrero del 2000



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