
Por ello más que repetir o retomar lo que se ha dicho sobre el asunto petrolero quisiera discurrir sobre otro aspecto de la relación entre el General Cárdenas y la soberanía nacional, a mi juicio de importancia semejante, y que se suscitó poco tiempo después de que el general dejara la presidencia. Se trata de su labor como Comandante de la Región Militar del Pacífico y como Secretario de la Defensa Nacional durante los difíciles años en que México ingresó al lado de los Estados Unidos y los países aliados a la Segunda Guerra Mundial.
Permítaseme pues, para empezar, el recuento de algunos puntos contextuales, para después entrar en materia específica.
Durante primeros meses de 1942, la tensión internacional se acentuaba sobre el gobierno de Avila Camacho. La supuesta neutralidad que el país había tratado de mantener desde el inicio de la conflagración mundial en septiembre de 1939, tuvo que suspenderse, y el 23 de mayo de 1942 el presidente pidió al Congreso de la Unión facultades para declarar el estado de guerra con los países del Eje. La razón inmediata fueron los ataques que los buques-tanque mexicanos "Potrero del Llano" y "Faja de Oro" había sufrido por parte de submarinos totalitarios.
Sin embargo existían otras razones por las cuales ya era imposible mantener al país al margen de la guerra mundial. Estados Unidos había ingresado en aquel conflicto desde diciembre de 1941 y México estaba comprometido con su vecino del norte y con otros países del continente en la defensa del hemisferio desde 1940. Pero la presión norteamericana no parecía ceder. El gobierno mexicano aprovechó la ansiedad de los Estados Unidos y, a cambio de su compromiso de alianza, renegoció la deuda petrolera y trató de garantizarse una relación comercial y de flujo de capital favorable. Esto se logró con la consecuente intensificación de los lazos de dependencia económica, misma que se fue estrechando a partir de ese mismo 1942.
Una vez declarada la guerra a los países del eje, el gobierno mexicano pareció contar con el apoyo de buena parte de la población. Sin embargo, la resistencia al incremento de una alianza con los Estados Unidos fue uno de los motivos por los cuales se insistió en la neutralidad hasta mayo de 1942. Poco antes la revista Tiempo hizo una encuesta sobre la voluntad ciudadana alrededor de la participación de México en el conflicto. El resultado reconocía la indecisión de los mexicanos.
Por un espíritu que reivindicaba el honor y la dignidad de la lucha por las libertades democráticas se posesionó de los argumentos a favor del ingreso de México a la Segunda Guerra Mundial y esto dio cierto margen de control interno que no estuvo excento de conflictos. La situación de emergencia justificaba plenamente el uso de medidas autoritarias cuando la llamada política de conciliación llegaba a sus límites.
Como es sabido, la participación mexicana en dicha guerra no sería demasiado relevante en materia militar como sí lo fue en el ámbito de la producción, tanto en la norteamericana como en algunos rubros del quehacer nacional. Con todo ello un cierre de filas en torno al presidente Avila Camacho y al Ejercito Mexicano se fue ampliando de manera notoria a partir de la segunda mitad de 1942. La política de Unidad Nacional, bandera que el gobierno avilacamachista había heredado de los últimos dos años del régimen cardenista, encontraba así uno más de sus argumentos en la complicada situación de emergencia bélica internacional.
A partir de entonces y hasta 1945, en México se vivió un estado de agitación provocado por un posible ataque internacional cuyas dimensiones eran sumamente imprevistas. Apagones y simulacros de evacuación, así como pláticas sobre protección civil y entrenamientos especializados para reclutas intentaron sensibilizar a la población sobre cómo actuar en caso de una emergencia mayor.
El ingreso de México a la guerra planteó, por su parte, la necesidad de una reorganización de las fuerzas armadas nacionales y en general de la sociedad mexicana. En septiembre de 1942 se instaló el Consejo Supremo de Defensa que debía coordinar todo lo relativo a la defensa militar, económica, comercial, financiera y legal de un país que vivía por primera vez en su historia una situación como aquella: la necesidad de participar de manera activa en una guerra multinacional.
Tratando de salvar las múltiples reticencias que provocaba la alianza estrecha entre Estados Unidos y México, el presidente Avila Camacho, nombró Secretario de Defensa al General Lázaro Cárdenas, quien sería el garante de la soberanía nacional. Para nadie era desconocida la voracidad de los intereses imperiales norteamericanos y el estado de guerra internacional podía ser una clara justificación para darle un cauce excepcional en el territorio mexicano. La conflagración planteaba una situación particularmente delicada para la soberanía nacional: por un lado, se estaba en guerra con los países del Eje y, por otro, se había establecido una alianza estrecha con el vecino del norte que no hacía mucho había demostrado su ambición sobre el territorio y las riquezas nacionales.
En septiembre de 1942 el General Cárdenas describía esta situación de la siguiente manera:
Estamos en guerra militar contra los países del Eje, contestando a la cobarde agresión que sufrieron los barcos nacionales hundidos arteramente, con lo dolorosa pérdida de compatriotas; pero estábamos ya en guerra espiritual desde antes, desde que México advirtió cómo se estaba violando la soberanía de los pueblos débiles.
Ante una población todavía un tanto confundida dada la novedad del fenómeno de la guerra mundial, con amplios sectores capaces de defender las doctrinas nazifascistas o falangistas como recurso no sólo antinorteamericano, sino también en contra de cualquier medida gubernamental mexicana, la posición del General Cárdenas no permitía duda alguna. Decía:
Sobre la teoría que establece la superioridad de una raza y el mito de la pureza de la sangre, oponemos el precepto de que los países deben sustentar una doctrina de mutuo respeto en el desarrollo de la cultura universal, sin prejuicios de raza que constituyen un error humano y científico. El hombre sólo es superior a otro en la austeridad, el talento o el sacrificio. No hay razas superiores llamadas por el destino a conquistar a otros y someterlos; México como los demás pueblos de América, ha sostenido continuamente el derecho ineludible de defender su autodeterminación, para un mejor entendimiento internacional.
Y ante la posible transgresión de los intereses nacionales en caso de que los Estados Unidos aprovecharan la situación de guerra, el General Cárdenas también expresó claramente. No desdeñaba la posibilidad de una cooperación militar y económica dadas las condiciones geográficas de ambos países y su posible exposición a ataques externos. Pero estipulaba que aún existiendo una Comisión México - Norteamericana de Defensa Conjunta y habiendo pactado planes de colaboración militar, México se ha venido preparando para vigilar, cubrir y defender su territorio con sus propias fuerzas armadas; para cooperar con sus determinaciones a la seguridad de las naciones vecinas y para contribuir con su producción a incrementar el esfuerzo conjunto de las Naciones Unidas...
El asunto, quedaba claro, no era meramente geográfico o de defensa militar. Tocaba uno de los puntos medulares, aunque no tan evidentes, de la soberanía nacional en peligro durante la guerra: la producción. Si bien, a partir de 1942 como Secretario de la Defensa Nacional, el General Cárdenas estuvo encargado sobre todo de la salvaguarda militar del territorio, una honda preocupación por la intervención extranjera en materia económica invadía sus escritos y reflexiones.
Desde mediado de 1941 por ejemplo, tuvo a bien interponer los intereses de México ante los afanes controladores norteamericanos expuestos en las famosas listas negras. Se trataba de una medida de presión norteamericana para intervenir a las empresas alemanas, italianas o japonesas establecidas en el Continente Americano, considerándolas agentes del Eje, y por lo tanto dignas de un bloqueo tanto nacional como internacional. El Departamento de Estado norteamericano pretendió ejercer el control económico de dichas empresas desdeñando la voluntad y por lo tanto la soberanía de los gobiernos locales. Ante ello el General Cárdenas escribió al Presidente Avila Camacho:
...A las empresas establecidas en nuestro territorio, de comprobárseles plenamente su complicidad (pero sólo en este caso) hará bien el gobierno mexicano en intervenirlas, manteniéndolas en actividad con recursos exclusivamente nacionales...
Conviene observar el alcance que pueda encerrar la medida dictada por el gobierno de Norteamérica, investigando si en realidad las empresas señaladas son agentes de los enemigos de las democracias o si se pretende aprovechar la ocasión para desplazar de América la penetración de la industria alemana, que por cierto aumentó considerablemente antes de la guerra debido, en gran parte, a la torpe política del capitalismo norteamericano que siempre ha obstaculizado el desarrollo industrial en los países de este continente, queriendo mantenerlos como productores de materias primas baratas.
Pero más allá de la situación estratégica militar o de la defensa de la producción y el desarrollo del país, la idea de soberanía en Cárdenas apelaba, sobre todo, a los intereses de los sectores populares y a la realización de los ideales de la justicia social. Esta radicaba efectivamente en... el derecho de los pueblos a subsistir soberanamente con un criterio amplio, democrático que atienda a sus necesidades naturales, sociológicas y económicas; todo esto con un espíritu de justicia y como base permanente para conservar la paz.
De esta manera, la soberanía nacional esgrimida frente a los peligros internacionales estaba muy lejos de ser una amplia abstracción retórica internacionalista, capaz de modularse en el discurso político según los intereses del momento. Su punto nodal estaba basado en la defensa de un patrimonio histórico que apelaba a una dimensión humanística, a su vez sostenida por... formulas democráticas progresistas, tendientes al efectivo mejoramiento de las condiciones políticas y económicas de la población.
Se trataba por lo tanto de una idea que tendía más a lo horizontal que a lo vertical y que lograba ejercerse con mayor amplitud a la hora de buscar un consenso entre las mayorías para su propio beneficio, y no tanto a la hora de imponer la voluntad de un grupo, una clase o un interés particular. La soberanía era además un derecho ineludible, cuyo ejercicio amplio garantizaba la supervivencia de estas mayorías populares. El General Cárdenas expuso tal idea en la siguiente sentencia:
Los pueblos que rehuyen su propia responsabilidad cuando peligran los derechos del hombre, son pueblos condenados a desaparecer.
La Segunda Guerra Mundial parecía haber puesto a la soberanía mexicana en una encrucijada. Al final de la contienda, gracias a la fuerza de las convicciones del General Cárdenas y de muchos de sus seguidores, pero sobre todo a la enorme base popular que se había construido en torno a él, la soberanía nacional logró salvarse tanto de los enemigos externos como de los internos. Velando tanto por su dimensión territorial como por las riquezas y la producción del país, a lo largo de estos primeros años cuarenta la defensa de la soberanía nacional parecía estar garantizada por esa identificación popular de que gozaba Cárdenas y que era sustento imprescindible de su idea de soberanía. Como posible prueba de esta identificación entre base popular - soberanía y Cárdenas, aquí están décimas anónimas potosinas compuestas al parecer por aquellos años:
Ya se anuncia la guerra mundial
Se aproxima el día de la revista
Junto a Cárdenas el agrarista
El pacífico, el hombre social.
Esa guerra mundial que se espera
En lo escrito lo anuncia la prensa
Si esa guerra mundial comienza
Por alguna nación extranjera
En defensa de nuestra bandera
Que nombramos como nacional
Un esfuerzo, un valor sin igual
Hay que hacer por nuestro pabellón
Porque dicen que en nuestra nación
Ya se anuncia la guerra mundial
Es muy cierto que los mexicanos
Somos hombres de poco dinero
Pero siempre con el extranjero
Todavía no doblamos las manos
Al venir esos hombres tiranos
Buscaremos nuestro General
Cual si fuera el juicio final
Les daremos la contra en la guerra
Porque en México y toda esta tierra
Ya se anuncia la guerra mundial
Por doquier saldrán escuadrones
En el tiempo que sea necesario
Y con Cárdenas de voluntario
Pelearán con extrañas naciones
Con valor de nuestros corazones
Lucharemos por causa legal
Sostendremos un punto formal
Esperando a enemigos con balas
Las naciones se han puesto de malas
Ya se anuncia la guerra mundial...
La concepción de soberanía nacional esgrimida por Cárdenas estaba encarnada, sin embargo, a la viabilidad misma del proyecto cardenista. Si se considera que se trató de un proyecto que tuvo como miras principales el beneficio de las mayorías, la elevación de las condiciones de supervivencia humanas y la implantación de importantes medidas de justicia social, es imposible desligar tal proyecto de una visión integral de soberanía. Por ello su paulatina desarticulación emprendida a partir de la segunda mitad de los años cuarenta, intensificada durante el régimen de Miguel Alemán y no se diga en los últimos 10 años, ha ido no sólo en sentido contrario del beneficio de las mayorías, sino claramente en contra de la idea cardenista de soberanía nacional y quizá en contra del mismo sentido y de supervivencia de muchos pueblos latinoamericanos.
(*) El autor es doctor en Historia de México, especializado en procesos políticos del siglo XX. Ha escrito El Fondo Documental Jenaro Amezcua (Condumex 1980); Fascismo y antifascismo en América Latina y México (Ciesas 1984); Estampas de nacionalismo popular mexicano (Ciesas 1994) entre otros.