¿EL CREPUSCULO DE LOS GENERALES? LA CUESTION MILITAR EN EL SALVADOR EN EL DEBATE ACTUAL

por Markus Schultze-Kraft
Investigador doctoral de la Universidad de Oxford.
Actualmente reside en Nicaragua.

En el tempestuoso debate público a cerca de la historia reciente y del futuro de El Salvador - el cual no pocas veces se transforma en campo minado no tanto por razones ideológicas o políticas sino más bien por animosidades personales - resalta un hecho: la singular unanimidad con la cual analistas y actores políticos nacionales destacan el lugar primordial que ocupa la cuestión militar en el Acuerdo de Paz (firmado en1992) y, consecuentemente, en el proceso de construcción de un nuevo orden democrático en el país. También resalta, sin embargo, el hecho de que esta afirmación ampliamente compartida no haya encontrado sino hasta hace poco un debido reflejo en la producción de trabajos académicos y análisis más profundos sobre la institución castrense y su vinculación con el poder político en El Salvador. Más bien pareciera que durante los primeros años de postguerra los diferentes sectores de la sociedad salvadoreña se conformaron con un análisis puntual y coyuntural del proceso de implementación de la reforma militar basada en el Acuerdo de Paz, efectivamente relegando el tema a un segundo o incluso tercer plan en el quehacer académico y político de la nación.

No obstante, este vacío en el ámbito reflexivo - hasta cierto punto comprensible por la proximidad temporal de la finalización de la confrontación bélica interna - se está empezando a llenar recientemente. Contamos ahora con dos estudios elaborados por autores salvadoreños: "El tercer ejército" (Tendencias/CRIES, 1997)" del poeta y ensayista Miguel Huezo Mixco y "Las Fuerzas Armadas y el Acuerdo de Paz "(Fundación Friedrich Ebert/FLACSO-El Salvador, 1998) del historiador Knut Walter. También en 1997, salió un tercer aporte, fruto de un esfuerzo concertado del politólogo estadounidense Philip J.Williams y de Knut Walter, "Militarization and Demilitarization in El Salvador´s Transition to Democracy" (University of Pittsburgh Press).

Sin lugar a dudas, el último de estos tres escritos representa el esfuerzo analítico de mayor coherencia metodológica y de mayor alcance empírico como teórico. De hecho, sus dos autores nos proporcionan un estudio pionero de la Fuerza Armada de El Salvador (FAES) en su relación con los grupos y estructuras de poder en el país y, en menor medida, en el extranjero. En ni siquiera doscientas páginas (ciento noventa y seis, para ser exacto), Williams y Walter hacen un denso recorrido - a veces parecido a un tour de force - que toma como punto de partida el golpe de Estado de diciembre de 1931 y que termina con un análisis del Acuerdo de Paz y sus implicaciones para las relaciones cívico-militares en la época de postguerra. Este enfoque histórico, desarrollado en base de un buen trabajo de fuentes primarias y secundarias (escritas y orales) y enriquecido con elementos de la teoría de transición política y de las relaciones cívico-militares, le proporciona al trabajo su carácter original, serio e iluminador.

En el capítulo introductorio, los autores se proponen alcanzar tres metas: Para empezar, analizar la naturaleza del poder político del Ejército salvadoreño durante el medio siglo que precede al golpe de Estado de octubre de 1979 concentrandose en la evolución de la relación entre, por un lado, la FAES y, por el otro, el Estado y la sociedad salvadoreñas. La consideración metodológica más importante subyacente aquí es que el estudio de los militares y de las relaciones cívico-militares no debería conformarse con un análisis (formal e institucional) de la relación entre la institución castrense y el gobierno. Más bien se trata de desarrollar un esquema que permita estudiar "la naturaleza del poder político de las fuerzas armadas en sus variadas dimensiones" (7). Con esto, sin ponerlo en términos explícitos, los autores enfrentan el desafío de alcanzar un equilibrio analítico entre un enfoque institucional (i.e. el Ejército) y un enfoque "contextual" (i.e. el Estado y los diferentes sectores de poder nacionales como transnacionales). Subrayamos que ello pareciera ser de particular importancia en el caso salvadoreño. Aquí ni el Ejército ni el Estado ni el gobierno se constituyen como "subsistemas independientes" sino más bien históricamente han sido caracterizados por un alto grado de interpenetración funcional e informal - sin que ello equivaldría a la ausencia de intereses corporativos o institucionales más o menos agregados y articulados en cada uno de los diferentes ámbitos de poder.

La segunda meta del libro consiste en desentrañar el modo en que la transferencia formal del gobierno a un presidente civil, la cual se dio durante la primera mitad de los años 80, afectó al Ejército y su base de poder político. De primera vista, la hipótesis de trabajo que se maneja aquí parece paradójica aunque consistente con el argumento desarrollado en la primera parte del libro: A pesar de su repliegue de las esferas del poder gubernamental, el Ejército supo consolidar durante una primera etapa su presencia dentro del Estado, expander su red de control social en las zonas rurales del país y preservar su autonomía institucional y política. Como es sabido, sin embargo, a finales de la década se da un punto de inflexión histórica y la institución castrense entra en un período de desgaste político-institucional el cual encontró su reflejo provisional en el Acuerdo de Paz. Los factores determinantes en los dos escenarios son identificados como (1) el contexto del conflicto bélico interno, (2) una serie de pactos políticos establecidos entre el Alto Mando y dirigentes políticos civiles, (3) el surgimiento de diferentes y encontradas corrientes dentro del Ejército y (4) el rol de la asistencia militar estadounidense.

La tercera meta del libro, finalmente, consiste en examinar hasta que punto los Acuerdos de Paz, firmados por el gobierno del presidente Alfredo Cristiani y la Comandancia del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) el 16 de enero de 1992 en el castillo mexicano de Chapúltepec, prepararon el terreno para una transformación del rol político del Ejército en el marco de un nuevo régimen democrático. Aquí los autores se preocupan por llevar a la luz, primero, aspectos principales del poder político militar que no son tratados en los Acuerdos; segundo, problemas vinculados a la implementación de los estipulados que corresponden al Ejército; y tercero, elementos claves de una "política militar alternativa" como condición necesaria para el establecimiento de un régimen de relaciones cívico-militares que efectiva y eficazmente dé sustento al nuevo orden democrático. Siguiendo en la línea del pensamiento del conocido politólogo estadounidense, Alfred Stepan, los autores sostienen que una política militar de un nuevo tipo debería llegar más allá de la simple disolución de prerrogativas militares (en términos constitucionales, legales e institucionales) y tendría que incluir una gama amplia de políticas de Estado como de esfuerzos de la sociedad política y de la sociedad civil organizada.

Sin querer entrar más en detalle al análisis presentado por Williams y Walter, podemos constatar en resumen que los autores lograron alcanzar estas tres metas a través del desarrollo de una estructura analítica y un estilo lingüístico que destacan por su claridad. Cabe anotar, sin embargo, que debido a la magnitud de la empresa y - probablemente - al espacio disponible, los investigadores no abarcaron con suficiente profundidad a algunos aspectos del tema que consideramos importantes de mencionar.

Para empezar, resalta el silencio que reina en el libro a cerca del proceso de reconstitución de actores y, empleando la terminología de Norbert Elias, de figuraciones socio-políticas en el país; sobre todo durante la década clave de los 80. Es decir, por la atención primordial que los autores dedican al análisis de un set de actores, i.e. las Fuerzas Armadas, se nos escapa de la vista la amplia gama de ajustes y cambios que efectivamente se dieron en las otras esferas de poder político y social en El Salvador. Aquí hace falta sobre todo un análisis detallado del surgimiento y de la evolución del partido Alianza Republicana Nacional (ARENA), pieza clave en la reestructuración y modernización político-institucional de los tradicionales sectores de poder económico en el país. Igualmente de importancia resulta ser la incorporación de la izquierda insurgente (i.e. el FMLN) y sus aliados "civilistas" en el esquema analítico. Finalmente cabe examinar cuidadosamente el auge y la caída de la Democracia Cristiana como también de las expresiones organizadas del centro político en general. En otras palabras, opinamos que la explicación como la interpretación de la transformación del rol de las Fuerzas Armadas en El Salvador requiere de un mayor grado de contextualización, enfocando adicionalmente a las "variadas dimensiones del poder político del ejército" también a la evolución de las posturas de sus contrapartes civiles e insurgentes.

Otro déficit del trabajo - el cual va en la línea de nuestras primeras observaciones - consiste en la poca atención que se le otorga al examen de la dinámica de las negociaciones entre el FMLN y el gobierno de El Salvador que finalmente resultaron en la firma del Acuerdo de Paz. Aquí se trata de un proceso que todavía está por esclarecer y analizarse en todas sus multíples dimensiones. También resulta imprescindible un análisis más detallado del rol que jugaron la Organización de Naciones Unidas (ONU), el gobierno de Estados Unidos y los países amigos del Secretario General, Boutros-Boutros Ghali durante y después de la firma del documento de Chapúltepec.

En resumen, con estas observaciones procuramos subrayar una preocupación metodológica nuestra: para poder determinar con algo más de certeza si los Acuerdos de Paz y la consecuente reforma militar iniciaron una verdadera transformación del rol político de los militares salvadoreños, tenemos que establecer primero o simultáneamente si la pacificación que vivió El Salvador es expresión de un proceso de modernización política, social y - probablemente - cultural del país. Es decir, nuestra inquietud académica parte de la hipótesis de que la transformación del Ejército pareciera estar estrechamente vinculada a la transformación de la sociedad a la cual pretende vigilar. Estas reflexiones nos llevan a nuestro segundo libro.

"El tercer ejército" del poeta y ensayista salvadoreño Miguel Huezo Mixco constituye más bien una cadena de reflexiones sobre el tema militar que un estudio propiamente tal. Ello se ve reflejado en una nota del autor al principio del libro, donde confiesa sin temores que "no tengo ni el temperamento, ni la formación ni las pretensiones de un académico. (...) Desde mi perspectiva, intento solamente una interpretación política y cultural de los cambios que experimenta en nuestros días el rol de los militares a partir del fin de la cruenta guerra civil."(9)

Hechas estas advertencias, el autor nos lleva a un recorrido de seis etapas. Empezamos con un ensayo (aparentemente introductorio) en donde se presenta la tesis de los "tres ejércitos". Según Huezo Mixco, El Salvador desde la firma de los Acuerdos de Paz efectivamente está presenciando el "fin del ejército de la sociedad agraria"(21). Después del cambio del "primer ejército de caudillos", fundado por Manuel José Arce en 1824, al "segundo ejército" bajo la conducción del general Maximiliano Hernández Martínez (1931), el país experimenta, a partir del golpe de Estado de 1979, un profundo proceso de cambio socio-político, económico y cultural. Este último encuentra una de sus mayores expresiones en el Acuerdo de Chapúltepec, el cual implica la decadencia del rol de la FAES en el quehacer político del país. En base de un breve análisis del período 1931 al 1992 , Huezo Mixco afirma que "el hecho clave para entender la nueva posición de la institución armada es la reforma del poder político que tiene lugar a partir de la firma de los Acuerdos de paz en 1992, y que representa el hasta ahora más serio esfuerzo de remover el poder acumulado por el ejército al largo de su historia."(29) Además subraya la importancia de la transformación de una sociedad fundamentalmente agraria a una sociedad predominantemente urbana - un proceso que se da a lo largo de la década de la guerra. La posibilidad de un eventual retorno al esquema autoritario, en fin, se "encuentra directamente vinculada con la cultura y de manera especial con el cambio cultural que está requeriendo el país; y desde esta óptica, con la posibilidad de liderazgo que puedan ejercer los sectores políticos, económicos, sociales e intelectuales más avanzados del país para constituir una base de poder distinta y tratar el perfil de una cultura democrática y de libertad."(40)

En los cinco restantes capítulos o mejor dicho ensayos, Huezo Mixco procura dar sustento a sus tesis destiladas arriba. Relata "la ?vía salvadoreña? de desmilitarización", "la última batalla del mando de la guerra", la "nueva doctrina y sistema educativo" de la FAES, las "misiones del pasado y del futuro" y termina con el cuento "Los idos de marzo", título prestado del autor norteamericano Thornton Wilder. Sin lugar a dudas, el estilo impresionista y ensayista utilizado por el autor tiene su lado atractivo y, además, corresponde bien al análisis de issues per se "menos tangibles", como lo son cuestiones de cambio cultural o descripciones de cambios de mentalidades en procesos de reconstitución de actores e instituciones. Por eso, resulta que el último capítulo es claramente el más interesante de todos. Aquí, Huezo Mixco hace un análisis de una serie de acontecimientos de marzo de 1996 que ejemplifican en forma fotográfica el nuevo escenario de las relaciones de poder socio-político y económico como también de la naciente cultura en El Salvador de postguerra.

En el centro del relato se encuentra el paro empresarial del sector agroexportador del oriental departamento de Usulután. Esta movilización de los agricultores usulutecos tenía como fondo un enraigado sentimiento de haber terminado en el lado de los perdedores de la guerra y de haber sido olvidado por los sectores políticos (i.e. ARENA) y económicos (financieros) de la capital. Analizando las reacciones de los diferentes sectores y de las diferentes regiones del país frente a la demanda de este tradicional pero decaído grupo del poder económico salvadoreño de que se haga presente, otra vez, la mano fuerte del Ejército en un asunto de orden interno (la ola de delincuencia y un grado extremo de inseguridad ciudadana), Huezo Mixco llega a una interesante conclusión: "Marzo represento así un punto de inflexión en la transición salvadoreña. Ante el llamado de civiles que tocan a las puertas de los cuarteles, históricamente ha sido usual que sectores dentro del ejército se encuentren dispuestos a actuar en concordancia con sus deseos. Ello no ha ocurrido en el momento presente. Este hecho es extraordinario en sí mismo, en la medida que esta indisposición no represente, como en otras ocasiones en el pasado, un simple reflujo de las relaciones entre los grupos económicos y los militares. De no ser así, ello convertiría a éste, más que en una amenaza de retorno, en un nuevo y alentador punto de partida para las relaciones de los militares con el poder."(164)

Resumiendo quisieramos constatar que "El tercer ejército" se plantea interrogantes importantes y nos proporciona algunos elementos interesantes para un mejor entendimiento de la cuestión militar en El Salvador de postguerra. Su aporte reside sobre todo en el intento de resaltar aspectos culturales y desarrollos en la sociedad civil y política salvadoreña en combinación con un examen de la propia institución castrense. En este sentido, es posible leer el libro como un complemento provisional al análisis de Williams y Walter. No podemos omitir, sin embargo, nuestra poca satisfacción respecto a la presentación muy poco estructurada y a veces confusa del análisis. Incluso, iríamos tan lejos en decir que los capítulos dos a cinco se hacen redundantes ya que el texto de Williams y Walter trabaja los temas expuestos más a fondo y se destaca por una estructura mucho más clara e inteligible. Respecto al vacío detectado en este último trabajo a cerca del proceso de negociación de los Acuerdos de Paz y del rol desempenãdo por la ONU, el gobierno estadounidense y los países amigos no encontramos tampoco mayor información en el libro de Huezo Mixco. A pesar de las referidas advertencias del autor, hubiera indudablemente sido ventajoso proporcionarle a "El tercer ejército" un marco concepcional más stringente, expuesto en un capítulo de introducción propiamente tal. Así como quedo el texto, deja al lector algo confundido y con un sentimiento amargo en la boca, cosa en donde no ayuda el gran descuido con el cual se editó el escrito.

"Las Fuerzas Armadas y el Acuerdo de Paz" de Knut Walter, finalmente, es un texto corto (94 páginas) que no pretende más que "retomar la discusión sobre la Fuerza Armada de El Salvador (FAES) desde una óptica razonable y objetiva"(14). Básicamente se trata de un análisis descriptivo del proceso de negociación (capítulo 2), de los estipulados a cerca del Ejército en los Acuerdos de Paz (capítulo 3) y del cumplimiento del Acuerdo por parte de la FAES (capítulo 4). En dos apartados al final del libro, el autor presenta un bosquejo de lo que el considera que van a ser los desafíos y misiones de la FAES en el contexto del istmo centroamericano de cara al siglo 21. Entonces, el propósito del texto - en esto estamos claros - no reside en encontrar explicaciones a fenómenos sociales de gran envergadura o en avanzar en la construcción de un marco teórico para la interpretación de las relaciones cívico-militares en El Salvador de postguerra, sino más bien proporcionar un aporte para el debate propiamente político de la cuestión militar. Esto también se ve reflejado en la naturaleza de las fuentes utilizados y trabajados por el autor: en su mayoría se trata de fuentes periodísticos, complementados en el capítulo de conclusiones por una serie de entrevistas que Walter sostuvo con personajes de la vida política y de la institución castrense del país.

Dicho esto, cabe destacar que la labor del autor resulta ser de gran utilidad para cualquiera interesado en el tema ya que rescata de los archivos periodísticos nacionales el pensamiento y las opiniones de actores principales en el proceso de negociación e implementación de los Acuerdos de Paz a lo largo de seis años (1989-1995). En este sentido, el libro hace un esfuerzo en llenar, en un espacio reducido, uno de los vacíos que habíamos detectados en las dos publicaciones comentadas arriba: esclarecer la importancia y la dinámica del proceso negociador. Otra aspecto interesante de la publicación es la incorporación al final de la apreciación crítica de lo expuesto por parte de cuatro personalidades quienes tuvieron una incidencia directa en los acontecimientos relatados: general Humberto Corado Figueroa (ministro de defensa bajo el gobierno Cristiani), Dr. David Escobar Galindo (miembro de la comisión negociadora de la paz del gobierno Cristiani), Schafick Jorge Handal (miembro de la Comandancia general del FMLN y miembro de la comisión negociadora por la paz del FMLN) y Francisco Jovel (miembro de la Comandancia General del FMLN y miembro de la comisión negociadora de la paz del FMLN). Las visiones y opiniones expresadas en estos comentarios - por ejemplo las de Shafik Handal - recuerdan al lector de la importancia que adquiere un análisis balanceado de los hechos, pero también de que el dabate salvdoreño a cerca de la historia reciente del conflicto y su solución todavía padece de posturas polarizadas, politizadas y parcializadas.

Finalizando este breve recorrido del debate actual sobre el tema militar en El Salvador, cabe mencionar que en general los tres trabajos revisados constatan una tendencia hacía una transformación del rol político de los militares en El Salvador. Es de suponer, entonces, que a causa de una variedad de factores estamos actualmente presenciando un crepúsculo de los generales salvadoreños en un sentido tradicional. Si ellos - y la sociedad civil y política del país - se están preparando para un alba democrático, sin embargo, está por verse todavía.





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