IDEOLOGIA Y DESIDEOLOGIZACION: Aproximación al concepto

Por: Oscar Picardo Joao (*)

Resumen

El presente ensayo sobre el concepto de ideología, intenta de modo sistemático realizar una lectura profunda y densa sobre este elemento teorético, partiendo de los antecedentes políticos clásicos, y pasando por el bagaje filosófico de Ignacio Ellacuría; con esta fusión articulada de hipótesis surgen nuevos elementos teóricos ha ser contrastados con la realidad actual de El Salvador, "locus fundamentalis" de la teoría política (en este caso).

Se busca una teoría crítica, con vitalidad, como alternativa y como mínimo para yuxtaponer las antípodas del disenso político. Al finalizar el siglo político en 1989 con la caída del Muro de Berlín, la política y la filosofía política demanda una nueva axiología, una nueva ética y una nueva epistemología, para nutrir el quehacer político, sus teorias, y en ellas lo ideológico como factor significativo y determinante, bajo una acepción "noética".



1.- A MODO DE INTRODUCCION: Problematización

La aproximación al concepto de ideología, planteado en este ensayo, en cierta medida, intenta recapitular las concepciones históricas tradentes, y yuxtaponerlas con las posibles concepciones postmodernas salvadoreñas, logrando así un intento dialéctico, que apuesta y apunta a una concepción más actualizada, y radicalmente genuina o contextuada, en un entorno problematizado y culturalmente particular en su tiempo y espacio: El Salvador. Si bien es prudente revisar los antecedentes y preámbulos políticos a la hora de tratar un concepto tan denso como el de ideología, más prudente será -por academicidad y cientificidad- no quedarse repitiendo la teoría más significativa; en este sentido, habrá que preguntarse kantianamente: ¿qué debo saber?, ¿qué debo hacer? Y ¿qué debo esperar? del concepto ideología, esto, por responsabilidad histórica y política, tarea indelegable de todo sujeto histórico que pretenda una vida coherente y racional.

Ideología desde la perspectiva semántica y etimológica nos propone un primer reto; el concepto latino Idea, ae ha sido leido con una clave singular, y en su genuina hermenéutica se traduce como: imagen, apariencia, aspecto externo, forma, belleza, especie (1); al urgar en la semántica griega, encontramos un concepto peculiar: idiologia (idiologia), que se traduce como conversación particular; y otro concepto significativo: idiologos, ou (idiologo) que se traduce como el que administra; ambos conceptos tienen a la base la raíz idia (idia, dativo singular femenino del adjetivo idioz (idios) que se traduce como: separadamente, aparte; si bien, la relación entre estos conceptos e ideología tenga un carácter más onomasiológico, no podemos soslayar los significantes de los mismos: administrar una conversación o un discurso tiene que ver con lo ideológico; no obstante el propio concepto idea (idea) se traduce como apariencia, forma, aspecto, figura del lenguaje, principio, concepción abstracta (2). La raíz etimológica, obviamente nos lleva a la segunda acepción, y traducimos ideología como discurso o tratado de lo abstracto o de la forma. Per se, el concepto idea en el léxico español se define como representación mental, e ideología como discurso o tratado de las ideas; en un léxico más cotidiano se entiende como sistema de creencias o de doctrinas articuladas a la cuestión política.

Para lograr una aproximación más científica del concepto ideología, desde el punto de vista metodológico, trataremos de sistematizar el discurso en tres visiones: 1) Visión histórico-política; 2) Visión Filosófica; y 3) Aporías, Tesis et Quaestiones Disputatae.

Las dos primeras visiones nos aportarán los datos-antecedentes desde la perspectiva pragmática-racional, sobre esta plataforma o base se podrá construir un ensayo moderado y novedoso desde nuestra realidad histórica y circunstancial, asumiendo los nuevos retos exigidos por las coordenadas espacio-temporales concretas; y es que, este ensayo tiene la pretensión de "crear" una aproximación teórica, superando la tradicional repetición de discursos históricos; si bien, la subtensión dinámica nos exige pasar por las tradiciones, revisándolas y extrayendo de ellas lo sustancial, este paso debe suponer, epistemológicamente, la superación de lo "Agente" (pragmático) y de lo "Actor" (mimético), para llegar a lo "Autor" (creativo).

En síntesis, la aproximación al concepto de ideología que se busca, tendrá que superar las propias "tentaciones ideológicas" y subjetivas, y así llegar a una visión más realista, objetiva y honesta, que sea propositiva y crítica, y que además sea un producto estructural y estructurante, emergente de un contexto histórico concreto: El Salvador.

Efectivamente, este ensayo intenta dar una respuesta racional a las necesidades histórico-políticas desgastadas de nuestra realidad, y en cierta medida, también busca una identidad más genuina y propia para el concepto, evitando recurrir a hermenéuticas prestadas, malinchistas y anacrónicas.

Nuestro problema específico, redunda en una pregunta, contestada en cierto modo desde múltiples puntos de vista, pero lo radical es la vista desde nuestro punto; necesitamos una respuesta a la pregunta ¿Qué es ideología? desde nuestra realidad concreta; es más, necesitamos llegar a un mínimo de consenso, o a un máximo de administración de disenso, sobre esta respuesta; buscamos, algo así, como un imperativo categórico kantiano. Si bien la pretensión es compleja y problemática, análogamente la realidad histórica oscila en estos mínimos vitales ya anunciados por John Rawls o por Adela de Cortina; mínimos que están marcando la pauta del ritmo histórico, ya no son las posturas antagónicas, las antípodas políticas están cediendo el paso a estructuras más cercanas, tanto, como tan complejas; los espacios de debate y análisis político e ideológico se configuran en una geometría milimétrica, lo que exige una exégesis adecuada. Entonces buscamos una nueva clave de lectura para el concepto ideología, pero una "clave" que tome en cuenta la transmisión tradente teórica, que incorpore orgánicamente los signos históricos, y que ofrezca una alternativa tan racional como ética.



2.- VISION POLITICA: Lo clásico del concepto

Un hecho crucial en el que concuerdan los teóricos de la política, es que el concepto de ideología es uno de los más usados e interpretados (3); tal como lo expresa figurativamente Luis Villoro, el concepto de ideología "es moneda corriente en el lenguaje cotidiano, y puebla las columnas de periódicos y revistas con un acervo que se refiere a un conjunto de creencias colectivas destinadas a dirigir el comportamiento práctico"; esta visión realista que se conjuga en casi todas las sociedades atomizadas contemporáneas, nos pone sobre el tapete un concepto manipulado, manoseado, al garete y a la merced de la politiquería, del lenguaje popular, y de los más refinados discursos politológicos.

Para comenzar, tenemos la necesidad de advocarnos a la visión de Mario Stoppino (Bobbio, Mateucci, Pasaquino), quien en su concepción de ideología, nos ofrece un compendio enciclopédico imposible de soslayar al tratar el tema.

Citando a N. Bobbio, Stoppino parte de las dos macrotendencias conceptuales e históricas: ideología como "Significado Débil" y como "Significado Fuerte"; el significado "Debil" como analogatum princeps (primer analogado o genus) define ideología como: conjunto de ideas y de valores concernientes al orden público, que tiene la función de guiar los comportamientos políticos colectivos (4); y el significado "fuerte", parte de la concepción marxista, definiendo ideología como: falsa conciencia, cuyo papel es encubrir, justificar y preservar las relaciones materiales-sociales de desigualdad propiciadas por la clase dominante (5).

Como podemos observar, el significado débil presenta rasgos más neutrales, mientras que el significado fuerte nos aporta un rasgo significante: la falsedad, como ataque duélico y mistificante.

El significado débil posee en sí, dos acepciones: una general, caracterizada por ser sustento de las teorías generales de los sistemas políticos, y de sus creencias fundamentales; y una particular, cuya característica se resume en un doctrinarismo dogmático y emotivo. Stoppino sostiene, que desde esta perspectiva conceptual ha surgido el debate sobre el ¨Fin -o declinación- de las Ideologías" en las sociedades industrializadas occidentales, tópico encausado por las ideas sociológicas de R. Aron, D. Bell y S.M. Lipset.

El significado fuerte de ideología, tiene un antecedente bien difundido; si bien el concepto de ideología existía antes de Marx y Engels, son éstos pensadores quienes revitalizaron el significado con una novedosa interpretación (6). Para Marx, ideología es una expresión teórica de una determinación social causada por las relaciones de dominación entre las clases, y que justifica tales relaciones dotándolas de una falsa conciencia; aquí encontramos dos elementos importantes: carácter de falsedad y determinación social; de estos dos elementos han surgido dos visiones dicotómicas en la teoría política ; por ejemplo, una corriente, que recupera el carácter de determinación social y debilita el carácter de falsedad, cayendo el concepto en una disolución sociológica, más que un determinismo político; por otra parte, tenemos otra corriente que emancipa el carácter de la falsedad, debilitando el aspecto social, cayendo en una visión pragmática pesimista que acentúa una disolución política opuesta a un determinismo social.

El énfasis en el carácter de falsedad o en la determinación social, ha tenido, por sus respectivas partes, cierto respaldo; de este modo Vilfredo Pareto ha sido el mentor de la corriente pro "falsedad", mientras que Karl Mannheim a defendido el carácter de la determinación social. V. Pareto impulsa una crítica de la ideología que apuesta a la infatigable necesidad de la falsedad, catalogada por el autor como "instinto fundamental", con la salvedad y el distanciamiento marxiano, de que Pareto considera a la falsedad como un producto de la conciencia individual; en este sentido ideología será: "la deformación que los sentimientos y las orientaciones prácticas de una persona provocan en sus creencias, disfrazando los juicios de valor bajo una forma simbólica de las afirmaciones de hecho (7). De aquí deducimos dos conclusiones: por un lado la evidente ausencia del componente social, y por otro lado, el talante psicologístico individual de la visión conceptual.

K. Mannheim, por su parte soslaya el tema de la falsedad, ocasionada -según Marx- por las clases dominantes, y centra su discurso más bien en la determinación social del pensamiento de todos los grupos sociales; Mannheim -y Merton- desarrollan una "sociología del conocimiento" (Sociology of Knowledge) en donde lo ideológico se reduce y diluye a un producto social (8).

La ciencia política contemporánea ha considerado parcialmente el significado "fuerte" de ideología, relegándolo al dominio de la crítica o más bien al de la sociología del conocimiento; posiblemente, el significado "debil" por ser más laxo y ajustable a las necesidades utilitarias de los sistemas políticos, ha sido el más aceptado y usado en el ámbito teórico.

En otro contexto, Geovanni Sartori, citado por Stoppino, sostiene que las discusiones sobre el concepto de ideología han caído en dos grandes sectores: Epistemología y Política; respecto al campo epistemológico se discute sobre si el conocimiento de la persona está distorcionado ideológicamente (problema de la verdad); respecto al campo político, la tarea ha consistido en saber si la ideología es un aspecto esencial de la política (problema de lo funcional) (9).

Tomando en cuenta la proliferación de las teorías en el espectro de la ideología "débil" encontramos algunas definiciones; por ejemplo, para Carl J. Fredrich las ideologías son "sistemas de ideas conectados con la acción, comprendiendo un programa estratégico para lo pragmático, en este sentido tiene la función de sostener una estructura partidaria" (10). David Easton considera a la ideología como interpretaciones de los principios éticos que definen objetivos, organización y límites de la vida política; para Easton las ideologías se clasifican en: a) Partidarias (organizar consensos), b) Legitimantes (sostener o impugnar régimen político), y c) Comunitarias (apoyar transformaciones políticas). Para el teórico Zbigniew K. Brzezinski ideología significa: un programa apto para la acción de masas, derivado de determinados asuntos doctrinales sobre la naturaleza general de la dinámica de la realidad social, y que combina ciertas afirmaciones sobre la inadecuación del pasado o del presente con ciertos rumbos explícitos de acción para mejorar la situación y ciertas nociones sobre el estado de cosas final y deseado (Ideology and power in soviet politics) (11). Por otra parte, Herbert McClosky define a las ideologías como "sistema de creencias explícitas, integradas y coherentes que justifican el ejercicio del poder, explican y juzgan los acontecimientos históricos, identifican lo que está bien y lo que está mal en política, definen las relaciones entre la política y otros campos de la actividad y suministran una guía para la acción (Consensus and ideology in American politics) (12).

Por su parte, los teóricos del significado "fuerte" de ideología, también han incidido en muchas corrientes, no obstante es importante rescatar la legitimidad y la plausibilidad de tales definiciones aclarando previamente el significado de "Falsedad"; en este sentido falsedad es sinónimo de falsa representación, como una creencia ideológica que no corresponde a los hechos; aplicando este concepto de falsedad a las teorías políticas se torna crucial la crítica de las ideologías, tal como lo define Pareto en los Sistemi socialisti (1902-1903) ,es necesario distinguir siempre el fenómeno objetivo y el fenómeno subjetivo (13).

Así mismo, en la crítica marxista de la ideología se maneja el concepto de falsa representación de la realidad, muestra de ello es el clásico párrafo de la Ideología alemana de Marx y Engels donde se sostiene que: "no se parte de lo que los hombres dicen, se representan o imaginan, ni tampoco del hombre predicado, pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí, al hombre de carne y hueso; se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida" (14).

En otro contexto, luego de analizar las macrotendencias en el campo ideológico, es menester profundizar sobre otras ideas políticas que atañen o tocan el concepto de ideología.

Gustav Bergmann, Theodor Geiger y Ernest Topitsch han sido los impulsores de la teoría de falsedad de la ideología como falsa presentación, corriente que supera la falsedad de representación en cuanto a tal, la proposición no representa la realidad, sino que la falsedad es entendida como falsa presentación: en la conciencia de la persona, la valoración se presenta bajo la falsa vestidura de una afirmación de realidad; se trata de una incompatibilidad entre su contenido (valoración) y su forma simbólica (afirmaciones de hecho), siendo lo falso el estatus simbólico (15).

Este concepto es útil para analizar con criticidad a las teorías científicas, filosóficas y políticas, el concepto de ideología de estos teóricos se ubica en un definido límite epistemológico.

Hay otra acepción del concepto catalogado como falsedad de la ideología como falsa motivación; esta teoría se explica con el célebre párrafo de Engels A. Mehring (14 de Julio de 1893) donde afirma: "La ideología es un proceso realizado por el llamado pensador de modo consciente pero con una falsa conciencia los motivos reales que lo impulsan permanecen desconocidos; de otro modo no se trataría de un proceso ideológico. Por lo tanto, él se imagina motivos falsos o aparentes" (16).

Louis Althusser en su ensayo titulado "Ideología y Aparatos Ideológicos del Estado", profundiza con avidez sobre el tema de "aparatos ideológicos"; en este sentido, los define como "un cierto número de realidades que se presentan al observador inmediato bajo la forma de instituciones distintas y especializadas"; posteriormente, nos aporta unos listados de tales aparatos, entre los que figuran: religiosos, escolar, familiar, jurídico, político, sindical, comunicaciones y culturales (17). Es importante acuñar a esta definición la insistencia de Althusser, de no confundir los aparatos ideológicos con los aparatos represivos, y para distinguir entre unos y otros el autor nos propone dos parámetros: la pluralidad de lo ideológico, frente a la unidad de lo estatal, y lo público estatal frente al dominio privado de lo ideológico, entre otras diferencias (18).

En el campo político, cabe acotar que muchos cientistas sociales sostienen que es imposible separar el concepto de ideología de la ciencia, esto debido a la situación epistemológica especial de las ciencias sociales en general, en donde el sujeto es parte del objeto de estudio (19); esto nos lleva a una estrecha vinculación con los conceptos de cultura y civilización, elementos que no vamos a profundizar debido al espacio de este ensayo, aunque valga la pena anunciarlo. Sin embargo, rescatando el carácter social del concepto ideología más allá de Marx, encontramos otros aportes insoslayables para nuestro estudio, y me refiero a Schaff, Gramsci y Poulantzas.

Para Schaff ideología se define como: "las ideas sobre los problemas planteados por el objetivo deseado de desarrollo social, que se forman sobre la base de determinados intereses de clase y sirven para defenderlos" (20); en este sentido podemos encontrar una interpretación ambigua, o sea las ideologías pueden ser negativas o positivas, deformantes o no, aunque siempre serán socialmente condicionadas.

Gramsci fue uno de los teóricos que más aportó al debate sobre el concepto de ideología; ya desde las ampliaciones conceptuales de: Estado, sociedad política y Bloque Histórico, Gramsci esboza un antecedente para el concepto de ideología; la relevancia que tiene la sociedad civil como complejo de la superestructura ideológica constituida por lo privado y acuñada por lo hegemónico de la clase dominante nos presenta la siguiente definición de ideología: "una concepción del mundo que se manifiesta implícitamente en el arte, en el derecho, en la actividad económica, en todas las manifestaciones de la vida intelectual y colectiva" (21).

Poulantzas afirma que "la ideología dominante se encarna en los aparatos del Estado que desempeñan el papel de laborar, inculcar y reproducir esta ideología, la cual tiene su importancia en la constitución y reproducción de la división social del trabajo, de las clases sociales y de la dominación de clase. Este es por excelencia el papel de ciertos aparatos que pertenecen a la esfera del Estado y han sido designados como aparatos ideológicos del Estado, lo mismo si pertenecen al Estado que si conservan su carácter jurídico "privado"; el aparato religioso, el aparato escolar, el aparato oficial de información, el aparato cultural, etc. Y está claro que la ideología dominante interviene en la organización de los aparatos en quienes recae principalmente el ejercicio de la violencia física legítima (ejercito, policía, justicia, prisiones, administración) (22).

Para cerrar la visión política, quisiera incorporar un tema más contemporáneo, y me refiero a un novedoso tópico en el debate político relacionado con el concepto de ideología. Los gobiernos recientes, Británico y Estadounidense, han impulsado en el debate político la "Tercera Vía", Tony Blair y Bill Clinton, son por decirlo así los actores protagónicos de este "neologismo político"; según Simon Buckby, ideólogo de la tercera vía, esta corriente nace para persuadir al mundo que es posible otra forma de vivir después de 1999; los principios rectores de esta corriente son: un Estado regulador pero no protector, un gobierno activo pero no grande, un mundo de derechos con responsabilidades obligatorias y una asociación entre los empresarios y su mano de obra con salario mínimo asegurado. Además de Bill Clinton y Tony Blair, se ha unido a esta cruzada ideológica el primer ministro Italiano Romano Prodi.

Simon Buckby sostiene que la tercera vía no posee un soporte ideológico, para él ideología es una palabra con cognotaciones negativas "suena a muerto"; sostiene que, más que una ideología se debe hablar de "valores nuevos", o sea reconcideración de valores (23). La tercera vía intenta disfrazar la ideología o ideologizarla con un matiz axiológico: nuevos valores; esto significa que en nuestra realidad contemporánea encontramos tendencias significativas a esconder las ideologías tras un nuevo lenguaje, posiblemente con la intensión de evitar el desgaste político.



3. - VISION FILOSOFICA: Desideologizando la ideología.

El siguiente apartado intenta expresar una visión filosófica concreta y sistemática a partir del pensamiento de Ignacio Ellacuría, particularmente tomando en cuenta los escritos específicos sobre este tópico entre los cuales tenemos: el curso "Ideología e inteligencia" y los artículos "Filosofía y Política", y "Función Liberadora de la Filosofía".

Esta visión se podría haber tratado desde la perspectiva histórica filosófica, no obstante por las razones que se apuntaron al principio del ensayo en donde se manifestó el interés por contextuar el documento se ha decidido retomar el pensamiento de Ignacio Ellacuría, en tanto que éste, aglutina no sólo lo histórico sino que además propone una visión con identidad propia y original.

En "ideología e inteligencia", concretamente en el planteamiento del problema Ellacuría manifiesta que el concepto ideología, o lo que multívocamente se llama ideología, es una realidad importante, o al menos un factor determinante de la realidad social y que además es una realidad que no está del todo claro, que parece ser una cosa y que puede ser en realidad otra. A partir de este dato problemático Ellacuría plantea una búsqueda o un objetivo definitorio sobre el concepto Ideología; efectivamente el fenómeno ideológico hipotéticamente, cierta y científicamente para otros, posee una extensión y una relevancia singular en todas las sociedades y tiempos.

Lo ideológico, al parecer sigue allí y sigue haciendo de las suyas en extensión y relevancia; y esto no sería posible si lo ideológico no tuviera raíces tan profundas en la inteligencia misma; para el pensador, es más fácil catalizar, que lo ideológico tenga que ver con intereses de clase, de grupo, de individuo; que tenga que ver con la educación recibida o el momento del espacio y del tiempo que a uno le haya tocado vivir. Sin embargo, lo que no es tan fácil, es aquello por lo que no se pregunta habitualmente cuando se habla de ideología, es cómo puede estar tan extendido y arraigado el fenómeno ideológico, si la inteligencia es la facultad de ser de la realidad, de la verdad, etc.

La pregunta vital de Ellacuría radica en si se usa la inteligencia cuando se cae en la ideología, y esta respuesta es la que busca a lo largo de este documento. Para intentar responderla se plantea un esquema metodológico simple y profundo con la siguiente estructura: análisis de la ideología; a) análisis crítico de las diversas presentaciones del fenómeno ideológico (mito de la caverna, novum organum, marxismo); b) tesis definitorias.

Ellacuría con su creatividad magistral comienza a explicar el concepto de ideología recurriendo a Platón, al Mito de la Caverna; así nos manifiesta que "en el mito de la caverna y en su subsiguiente explicación Platón plantea problemas que tienen que ver con lo que más tarde se conceptuará como ideología" (24).

Al analizar el mito de la caverna, Ellacuría saca una serie de deducciones, entre las cuales destacamos: "Efectivamente en el mito de la caverna se supone que la mayor parte de los hombres viven normalmente en una situación que, pareciéndoles normal y verdadera, les mantiene, si no en una falsedad completa, al menos en una ?falsa verdad?, y hasta cierto punto con una ?falsa conciencia? " (25). De este dato se comienzan a desgajar una serie de deducciones: 1) es un fenómeno tanto colectivo como individual; 2) es un fenómeno natural en el sentido de que dejándose llevar por aquello a lo que de hecho propende la naturaleza o, al menos, costumbres naturales o fáciles, se está en esa situación; 3) es un fenómeno que tiene que ver con la verdad y la realidad, se capta o no se capta la realidad tal como es; 4) sin mala voluntad se cree que se está en la verdad de modo que se entra en contradicción y pugna con quien mantiene otra convicción de lo que es la realidad; 5) la verdad en la que se cree estar es una falsa verdad, pero tiene que ver con la verdadera verdad, porque la realidad a la que aquella se refiere tiene que ver con la auténtica realidad, aunque no se confunda con ella; 6) se requiere un gran esfuerzo intelectual para desacerse de las apariencias -esa es la falsa verdad- y llegar a la realidad -esa es la verdadera verdad-, pero se supone que las apariencias son apariencias de la realidad, porque de uno u otro modo son reflejo de éstas... A estas seis premisas habría que anexar otras catorce que constituyen las veinte tesis sobre lo que es ideología a partir del mito platónico, así yuxtaponiendo lo figurativo y la lógica del dinamismo mítico, Ellacuría nos va acercando a una visión homogénea del concepto por medio de una clave de lectura diferente.

Si bien Ellacuría advierte que con el Mito del Libro VII de La República no se logra una teoría sobre el concepto de ideología, a la vez plantea la intuición de que el texto es útil para problematizar el concepto y para introducir pistas importantes en el debate sobre el mismo.

Luego de Platón, Ellacuría nos acerca a Francis Bacon (Novum Organum, 1620, XXXVIII - XLIV) como teórico y práctico de la política, pensador critico que manifiesta su preocupación por las ideas en su época (1561 -1626), junto a él Galileo (1564-1642) y Descartes (1596-1650), desde lo secular y profano generan un verdadero corpus racionalis que incide en la realidad histórica, si bien no elaboran una teoría sobre la ideología dejan claro su preocupación por la ideología latente en su momento e intentan cambiarla. De Bacon, Ellacuría recupera el concepto de "Idola", y profundiza las cuatro categorías; a partir de este principio programático desarrollado por Bacon se afirma que: la dialéctica es buena para las ciencias basadas en las opiniones y máximas admitidas porque entonces se trata más de subyugar los espíritus que las cosas en sí (XXIX), pero no es buena para decirnos realmente cómo son las cosas y cómo nos debemos relacionar con ellas. Hay, pues, que tomar en serio y a fondo el método inductivo, que no excluye el alcanzar principios generales abarcadores, pero a los que hay que llegar con mucho trabajo y con gran desconfianza. Esto se hace difícil por la presencia de los "idola". En este sentido, Ellacuría anexa el siguiente párrafo de Bacon: "Los fantasmas o falsas nociones que arraigaron en el entendimiento humano, llegando hasta gran profundidad, no sólo obsesionan las inteligencias de modo que la virtud halla obstáculos para ver la luz, sino que una vez abierto el camino, acudirán nuevamente al restaurar las ciencias, presentando nuevos obstáculos, si no se advierte a los hombres desconfíen y tomen toda clase de precauciones contra ellos (XXXVIII) (26).

Cuando Ellacuría explana el tema de "La Ideología en el pensamiento marxista" se desborda la capacidad de análisis y conocimientos que posee sobre el tópico enunciado. A pesar de que ya se trató lo suficiente el marxismo en la visión política, es menester recoger algunas ideas claves, que Ellacuría presenta en "Ideología e Inteligencia" sobre el marxismo.

Con los pies sobre la tierra Ellacuría comienza desde los albores del joven Marx, cuando realiza el estudio y critica a Hegel; posteriormente se detiene en la "Ideología Alemana", en donde Marx intuye que el camino filosófico cultivado por la izquierda hegeliana, lejos de contribuir al cambio social lo retardaba a pesar de todo su vocabulario revolucionario y crítico.

Posteriormente, Ellacuría nos propone una secuencia de texto de la ideología alemana y algunos documentos o cartas de Engels en donde se define con claridad las posiciones filosóficas acerca del concepto de ideología; encontramos en los textos un compendio completo de Marx y Engels sobre la ideología, de ellos podemos deducir algunas conclusiones: 1) Hay una relación necesaria entre conciencia y realidad, necesaria por parte de la conciencia pero no por parte de la realidad, la prioridad está en la realidad, pues la conciencia es siempre de algún modo o de otro reflejo de la realidad; 2) al hablar de ideología se privilegia la realidad social y la conciencia social, quedando en un segundo plano la realidad natural y la conciencia individual; 3) la ideología en su sentido estricto es el conjunto de representaciones interpretativas y valorativas de la realidad social que proceden de una falsa conciencia y que justifican un orden social deformado, configurado por una clase dominante; 4) la ideología aunque es producida por pensadores intelectuales conscientes y en general por agentes conscientes, estos agentes no se dan cuenta de lo condicionados que están por las condiciones sociales, determinadas en última instancia por lo económico en las que viven, lo cual explica tanto su buena voluntad como su falsa conciencia; 5) la ideología en concreto es aquel conjunto de saberes que se refieren directa o indirectamente a la realidad social y que por su metodología son incapaces de verificar su carácter propio: tales son los saberes teológicos, filosóficos, morales, jurídicos, culturales, literarios, etc., sin que pertenezca el dominio de la ideología propiamente el reino de las ciencias naturales, en cuanto que estas se basan en la experimentación y en la comprobación (27).

Tal como se señaló en la visión política este pensamiento marxista evolucionó en las ideas de Gramsci, Poulantzas y Althusser entre otros, manteniendo siempre el carácter de la falsedad o del enmascaramiento.

Finalmente Ellacuría nos plantea un grupo de tesis definitorias como conclusión al curso "Ideología e Inteligencia"; intentando rescatar algunas de estas tesis proponemos las siguientes: 1) Sobre la necesidad histórica que tienen las personas (individuales o grupales) para la interpretación y valoración de las relaciones sociales, se plantea la tesis de una necesidad análoga ideológica que recoge el conjunto de representaciones, aproximaciones e intereses. 2) Se define que la instancia ideológica es una instancia social en tanto y en cuanto que es un elemento integrante de la estructura, es un subsistema que obedece a una unidad coherencial primaria, es un sistema que refleja lo que es la sociedad y a veces contribuye constitutivamente al núcleo social. 3) Las ideologías surgirán justificativamente cuando exista una sociedad injustamente estructurada, sobre todo en el campo de lo económico. 4) Para que no exista la posibilidad de una concepción estricta de ideología es necesario que existan condiciones de justicia. 5) Es difícilmente aceptable que ninguna clase que tenga el poder o participe en él pueda verse libre de ideologización. 6) Toda estructura ideologizada posee víctimas visibles y comprobables de la injusticia social. 7) La historización es el método adecuado para la desideologización (28).

En el artículo "Función Liberadora de la Filosofía" entre otros temas, Ellacuría trastoca vertientes claves relacionadas con el concepto de ideología; partiendo del hecho, de que la filosofía para Ellacuría tenga que ver con Libertad, con la Historia y con la Realidad, y que además esta forma de existencia tenga que ver con la liberación del oscurantismo, de la ignorancia y de la falsedad, ya podemos apreciar una articulación vital entre estas dos realidad teóricas: Filosofía e Ideología. La filosofía estará para Ellacuría vinculada a lo crítico y a la razón.

En la antesala del documento antes citado, Ellacuría nos presenta la preocupación por las condiciones de opresión y represión (contextuando en el momento que lo escribió, obviamente), prácticas vinculadas a presentaciones o manifestaciones ideológicas (29). Si bien la filosofía para Ellaucría tiene una función crítica y una capacidad creadora, esta criticidad y esta originalidad va orientada al desenmascaramiento de una ideología dominante como momento estructural de un sistema social; la función crítica de la filosofía apunta certeramente a la negatividad ideológica, no obstante Ellacuría deja claro la no absolutización del concepto de ideología subrayando la ambigüedad y los matices peyorativos y positivos, que en este concepto se pueda encontrar. En este contexto, define el sentido peyorativo de ideología como función encubridora de la realidad social (30).

No basta con decir que hay ideología porque una clase social o un estamento dirigente necesita imponer o sostener su poder social de la índole que sea; hay que preguntarse por qué se elige el campo de lo ideológico para ejercitar esa imposición, lo que nos lleva a especular que los elementos ideológicos tienen un carácter de necesidad histórica, sea en formas más elaboradas de producción intelectual o sea en formas menos cualificadas de predicación y propaganda.

La ideología en este caso no sólo juega un papel sustitutivo y/o simplemente propedéutico para lo que fuera un pensamiento no ideológico y/o científico, sino que en alguna medida siempre está presente por medio de conceptos, símbolos, imágenes, referencias, o discursos; y es aquí donde se encarna el aspecto de ideologización de las ideologías, en el límite del engaño premeditado y evidente; ante esto la filosofía en su función crítica debe desarrollar la tarea de inquirir racionalmente para desenmascarar y deslegitimizar todo fenómeno ideológico ideologizado. A juicio de Ellacuría el fenómeno de ideologización es altamente peligroso, en tanto que está articulado con realidades sociales muy configuradoras de las conciencias tanto colectivas como individuales; y lo peligroso radica en la legitimación ideologizada de un sistema injusto e inerte buscando mantener o proyectar el statu quo de esa realidad estructural y estructurante negativa.

No sólo la criticidad es indispensable para la desideologización también la fundamentalidad, como la búsqueda de los fundamentos, en tanto que esta búsqueda descubre mejor la des-fundamentación de las posiciones ideologizadas (31); llegamos así a una decisión epistemológica y metafísica de los fundamentos que desmoronan las pseudo-estructuras ideologizadas; como dice magistralmente "criticidad y fundamentalidad permiten al filosofar realizar una tarea desideologizante" (32).

El discurso de Ellacuría llega al límite de la función liberadora de la filosofía, función que varía de acuerdo a las variables temporales e históricas; la filosofía será momento teórico, o segundo momento referido a la realidad histórica o al primer momento histórico que da la pauta para la respuesta teórica apropiada; la forma de esta liberación debe manifestarse en una praxis histórica, entendiendo práxis como la totalidad del proceso social en cuanto transformador de la realidad, en donde las relaciones sujeto - objeto no son unidireccionales ni respectivamente codeterminantes; aquí Ellacuría yuxtapone teoría y praxis, acción y reflexión, se trata de una praxis con momentos teóricos o de una teoría con momentos praxicos.

En síntesis la filosofía desideologizadora es una apuesta a soslayar la visión de historia o de sociedad por medio de una óptica de superficialización inmediatista, y a la vez un ataque duélico hacia la falta de distancia crítica, en tanto que es saber, dirección y forma de vida, superando la visión teoricista de lo cognoscitivo contemplativo hacia un espectro mas cognoscitivo operativo e histórico.



3.-APORIAS, TESIS et QUAESTIONES DISPUTATAE: La ideología como encrucijada.

Después de este recorrido teórico y filosófico quedan múltiples aporías o enigmas por discernir; surgen nuevas tesis o respuestas, y a final de cuentas emergen las cuestiones disputadas sobre una opción conceptual. Más que recapitular o concluir, la tarea final de este ensayo será dejar nuevas preguntas abiertas o algunos espacios entre líneas para que el lector dialogue con el texto y saque sus propias conclusiones.

Ante todo, como respuesta a el fenómeno ideológico hay que proponer una visión epistemológica, en donde predomine la criticidad por medio del distanciamiento intelectual, de la duda metódica y de la negación dialéctica; sólo así podremos aproximarnos a la idea de ideología, buscando en ella la verdad, y ante ella con una actitud de discernimiento "noética", podemos orientar su bagaje problemático al campo de lo ético y del servicio a la res publicae.

En las ideologías, sean como fueren, hay que buscar los fundamentos de verdad y de realidad a las que ellas están vinculadas de un modo u otro, apartando las escorias y lacras de falsedad y engaño; y llegar a la verdad interna de la conciencia (honestidad y razón) y a la verdad externa (realidad y fundamento); pasar el horizonte o la frontera de la apariencia, será tarea indelegable, para asimilar y transformar la ideología, es decir, desideologizarla. Esta sería la única razón para aceptar un concepto de ideología, aceptación condicionada a la verdad y a la realidad; pero llegar a estos niveles exige la fatiga conceptual y teórica de inquirir en la realidad ideológica racionalmente.

Tomando en cuenta nuestra realidad histórica y política podemos entablar una interactividad desde nuestro texto e interpelar a nuestras ideologías salvadoreñas, a los bloques ideológicos de nuestros partidos políticos, sean determinación social o falsedad, no importa, aquí tocamos la puerta de la realidad concreta.

Cuando analizamos la teoría de nuestros partidos políticos y su corpus ideológico encontramos una realidad distanciada de lo histórico y concreto; por ejemplo: en ARENA, en el discurso de sus principios se encuentra: 1) El sistema democrático, Republicano y Representativo, que garantice la libertad de acción y consecusión de fines pacíficos del individuo, es la vía más rápida y estable para lograr el desarrollo integral de la nación, creando así las condiciones sociales adecuadas, elementos que son indispensables para el buen funcionamiento del país. 2) Se reconoce al individuo como base fundamental del pueblo y la familia como núcleo fundamental de la sociedad. 3) El Estado no es un fin en sí mismo, sino el medio para el engrandecimiento y superación del individuo. 4) El bastión primordial que debe regir la conducta de los nacionalistas salvadoreños, está formado por tres elementos que son: Dios, Patria y Libertad. 5) El bienestar, el logro de una meta, el honor, la constante búsqueda de la verdad, son productos del espíritu humano....6) Creemos que el Estado debe garantizar: a) el trabajo; b) el bienestar de la Patria; el sistema económico.... (33).

Por su parte el partido FMLN en sus principios propone un Humanismo revolucionario basado en: 1) La promoción y dignificación de la persona humana...2) Reivindicar el valor fundamental de la familia....3) Vocación de servir a los intereses de las mayorías... 4) Un ideario democrático-revolucionario para el cambio... 5) Primacía de la sociedad civil... 6) Contenido patriótico de la lucha.... 7) El empeño por la unidad nacional y la concertación, entre otros (34).

Así los partidos: Demócrata Cristiano, Conciliación Nacional, Liberal Democrático, Convergencia Democrática, Movimiento de Unidad, Renovación Social Cristiano, Demócrata, Movimiento de Solidaridad Nacional, Pueblo Libre, Popular Republicano, Movimiento Auténtico Social, y los que vengan prematuramente para las próximas elecciones poseen discursos ideológicos, o principios como los dos que auscultamos en el párrafo anterior. Frente a la inmaculada realidad de las cartas estatutarias emerge la realidad política de lo cotidiano, de la Asamblea legislativa, de las promesas electorales, de los intereses oligocráticos, en otras palabras la nuda realidad que encara en el silencio de la conciencia a estos documentos, y el ciudadano se podrá preguntar: ¿serán nuestros partidos una manifestativa expresión de la concepción marxista de ideología?.

Las teorías más laxas, las de derecha e izquierdas prefieren hablar de "valores", como sustituto o como complemento; se debate sobre la axiología, sobre la ética política, se intenta absterger lo ideológico con el fundamento moral; sin embargo, la realidad política concreta nos presenta la alternancia y los vaivenes de contrapunto partidarios, error por error, re-presentación anti-representativa, negocios curulares, compra y venta de proyectos políticos, manoseos, falsos disensos, cambios de color, electorerismo, outsiders, catch all part, en fin todo un desfile de la demagogía; y los políticos se preguntan: ¿porqué hay abstencionismo, porqué hay falta de credibilidad en los partidos?, y nosotros los ciudadanos nos preguntamos: ¿tiene esto algo que ver con la ideología?.

Si partimos de una definición de ideología saludable, con dos caras como Jano, con una visión positiva como "soporte de ideas?, y con una connotación negativa como "sistema de ideas que encubre intereses", y que dicha definición sea aplicable de acuerdo al juicio ético y racional de valor; el problema no estaría tanto en el tópico conceptual, sino más bien en la esencia política; en nuestro caso concreto, no hay que diluir el debate al modo hermenéutico, por el contrario hay que llegar a las entrañas, escudriñando en el génesis del poder; esto no supone que lo ideológico sea soslayado, más bien será, como ha sido un instrumento para encubrir y para evitar la voluntad de verdad real. Nuestro problema político tiene su "nudo gordiano", y la pregunta vital es ¿para qué quieren ser políticos los grupos?, ¿hay un verdadero interés de servir?, ¿o el servirse opaca los intereses sociales?, y desde aquí emerge nuevamente la pregunta por la ideología, sea una u otra la forma ideológica -peyorativa o positiva- ¿qué percepción o intuición deducimos del accionar político partidario nuestro?.

Cuando en el espectro político se califica a un fenómeno de "politizado" o "ideologizado" automáticamente asume un talante negativo, no por que se politice en sí, sino porque se partidariza, e ingresa al campo de las partes y de los intereses particulares de los grupos. Las negociaciones en nuestra Asamblea legislativa y las votaciones nocturnas, presentan la cara opuesta al sistema de representación; representación supone hacer presente algo, hacerlo visible y no oculto. Esto podría ser un síntoma de que nuestra realidad política tiene serias connotaciones de ideologización en el sentido despectivo del término, o sea el de falsedad. Inclusive al interior de los grupos políticos se han visto microintereses llamados corrientes o tendencias, ortodoxia y ortopraxis, pero en realidad son ideologizaciones.

Los ciudadanos y los cientistas buscamos hoy un quehacer político diferente, pretendemos y necesitamos probidad, ética, y lo que algunos teóricos llaman "accountability", una gestión transparente, diáfana; un hacer político que tenga a la base el servicio a la ciudad y en ella a la ciudadanía, buscando el honor y la dignidad de la palabra política. ¿Qué ideología pretendemos?, aquella que parta de ideas, cuyos fundamentos representen con honestidad a los mínimos de la sociedad; aquella que se autoanalice, que busque en sí misma sus debilidades y que se muestre tal como es; toda ideología por su carácter humano tendrá debilidad, así como también fortalezas, pero ambas, debilidad y fortaleza, en el marco de la razón y de la equidad, ante la mirada de todos, y ante el crisol histórico garantizará una corresponsabilidad sin acusaciones vehementes.

Dicho en un lenguaje más sencillo, necesitamos una ideología desideologizada, es decir ideas transparentes que se materialicen e historicen en proyectos concretos; necesitamos un aparato ideológico basado en la razón misma, ideas que no estén distorsionadas por filtros grupales, ideas que interactuen dialécticamente con la historia, y en ella con la gente; ideas o sistemas de ideas que surjan de las necesidades e inquietudes, de los problemas y vicisitudes del pueblo mismo; ideas o sistemas de ideas constructivos, críticos y propositivos. De ser así, las ideologías podrán cambiar su estigma, y tornarse instrumentos éticos de discusión al servicio de todos.



NOTAS
  1. Cfr. SANDOVAL, Lisandro: Diccionario de Raíces Griegas y Latinas, Tomo II; Guatemala, 1931; pag.311 (1018)
  2. Cfr. SEBASTIAN YARZA, Florencio; Diccionario Griego - Español (a/c); Editorial Ramón Sopena; Barcelona, 1998; pag. 674-675.
  3. Nota: el tema del uso e interpretación del concepto de ideología de modo exacervado, es anunciado por Stoppino y Villoro, en: Bobbio, Mateucci, Pasaquino; Diccionario de Política; Ed. Siglo XXI; Madrid 1995, 9ª; Tomo A-J; sobre ideología; pag. 755. La interpretación de Luis Villoro, está a cargo del Dr. Robinson salazar, Investigador Mexicano, Universidad Autónoma de Sinaloa, México, sobre las obras: "El Poder y El Valor: Fundamentos de una ética política" ;FEC, México 1998; y "El concepto de Ideología"; FCE, México 1985.
  4. Cfr. Bobbio, Mateucci, Pasaquino; Op.Cit. (Stoppino, Mario) pag. 755
  5. Cfr. A.a.V.v.; Sociología general; recopilación de S. Montes, J. García, Z.Inoccenti, L.Aquino; UCA Editores; sin datos editoriales; en: Steichen, Regine "Ideología y Cultura"; pag.65.
  6. Cfr. Ibid. Pag.65
  7. Cfr. Bobbio, Mateucci, Pasaquino; Op.Cit.; pag. 756
  8. Cfr. Ibid. Pag. 756
  9. Cfr. Ibid. Pag.756
  10. Cfr. Ibid. Pag. 757
  11. Cfr. Ibid. Pag. 757
  12. Cfr. Ibid. Pag. 758
  13. Cfr. Ibid. Pag. 763
  14. Cfr. Ibid. Pag. 764
  15. Cfr. Ibid. Pag. 756
  16. Cfr. Ibid. Pag. 767
  17. Cfr. A.a.V.v.; El Estado; en Althusser, Louis, "Ideología y Aparatos Ideológicos del Estado"; UCA Editores; San Salvador, 1987, 3ª; colección lecturas universitarias, Vol.8; pag. 76
  18. Cfr. Ibid. Pag. 76
  19. Cfr. A.a.V.v.; Sociología general; en: Steichen, Regine; Op.Cit.; pag. 64
  20. Cfr. Schaff, Adam; historia y verdad; Editorial Grijalbo, méxico, 1974; pag. 206
  21. Portelli, Hughes; Gramsci y el Bloque Histórico; Ed. Siglo XXI; México, 1978; pag. 18
  22. Poulantzas, Nicos; Estado, Poder y Socialismo; Ed. Siglo XXI, México, 1984; pag. 27 - 28
  23. Avignolo, María L.; en: http://www.clarin.com/suplementos/zona/ultimo/i-oo801e.htm ; entrevista con simon Buckby, en El Clarin Digital; 27 de Septiembre de 1998; Bs.As., Argentina.
  24. Nota: A partir de ahora citamos documento inédito: Ellacuría, Ignacio: "Ideología e Inteligencia" (curso monográfico, apuntes mecanografiados) pag. 3
  25. Cfr. Ibid. Pag. 3
  26. Cfr. Ibid. Pag. 8
  27. Cfr. Ibid. Pag. 19
  28. Cfr. Ibid. Pags. 22 y 26
  29. Cfr. Ellacuría, Ignacio; "Función Liberadora de la Filosofía"; ECA, San Salvador, 1981; pag. 46
  30. Cfr. Ibid. Pag. 47
  31. Cfr. Ibid. Pag. 50
  32. Cfr. Ibid. Pag. 51
  33. Cfr. Jiménez Larios, armando; "Doctrina e Ideología de los partidos Políticos en El Salvador (1997); TSE, Kiosko electotral Nº3; El Salvador, 1997; pag. 5
  34. Cfr. Ibid. Pag. 11




© Copyright 1998 Universidad Francisco Gavidia