
Empezaremos, por definir la palabra o el concepto de amistad, el efecto y la afinidad.
La palabra amistad, viene del latín AMICITAS ATIS que substituye, en la lengua romántica, el clásico AMICITAS, de la misma raíz de la palabra amor, que tiene una gran importancia en el tema que nos ocupa.
Diversos tipos de relación de la vinculación afectiva entre dos o más personas, no ligadas en parentesco sanguíneo y que se concreta en muy precisas normas de derechos y obligaciones morales y que no es fácil señalar el límite, entre amistad y o las relaciones sociales, tales como la fraternidad artificial, adoptiva o de sangre, o simple compañerismo, profesional, de armas o de secuasidad política, religiosa o sindical, lo que no debemos confundir con la verdadera amistad sincera y desinteresada.
AFECTO: Procedente del latín AFECTUS, que significa inclinación, e incluye el concepto genérico de afecto, simple sensación de interés o aversión y finalmente como dimensión de las relaciones sociales.
AFINIDAD: se deriva del latín AFFINITAS, que significa analogía o semejanza, de una cosa con la otra y que es aplicable a personas o cosas.
Tal vez en la amistad intervengan otros conceptos, tales como carisma, carácter, bondad, inteligencia, elegancia, generalidad, personalidad, etc. etc.
Considero que con estas definiciones, podremos hacernos la idea clara sobre el concepto literal de la amistad.
Edgar Charles Vallarse: dice que la palabra AMISTAD, le sucede lo que a las monedas de uso común diario, desgastan tanto sus caras por la fricción del paso de mano a mano con el tiempo, se tornan indistinguibles y las lleva indeclinablemente, a la pérdida de su valor y para el, comparativamente significa que así mismo la amistad se desgasta y se deforma: he aquí el famoso refrán que dice, al amigo y al caballo no hay que cansarlos.
Vivimos en una época en que no es muy favorable para el fomento de la amistad, las grandes urbes y los movimientos políticos y religiosos, cada día cunden en el mundo y deshumanizan más a los integrantes de la sociedad en que vivimos, sin embargo, esta reflexión del concepto de la amistad, nos da la oportunidad de intentar, restituir en alguna proporción el infinito valor que tiene la amistad. Y puntualizar algunos rasgos característicos de ella, continúa diciendo. Debemos entender que la teoría, sin práctica está tullida, y la práctica sin teoría, está ciega, para lo cual la teoría es para la práctica, un guía luminoso y la práctica para la teoría es un hermoso correctivo, u lo que en otras palabras debemos aquilatar y ejercer esa acción, de dar amistad y recibir el recíproco realista de satisfacción.
En la historia de la humanidad, han existido grandes ejemplos de fidelidad de amistad:
La Biblia nos dice al respecto, en el antiguo testamento que el alma de Jonatán quedó ligada al a de David, y que lo amo como así mismo, más adelante afirma, que David y Jonatán hicieron un pacto, la historia de estos dos hombres es conmovedora ya que una parte de la endecha de David, el Rey escribió, a Saúl y a Jonatán, después que estos murieron ordenó que los israelitas lo escribieran en su Corazón, JONATAN MUERTO EN LAS ALTURAS, ANGUSTIA TENGO POR TI HERMANO MIO.
Desde luego; se refiere a un amor puro, limpio y grande de la amistad que existía entre ellos.
Un testimonio más de fidelidad y seguridad a toda prueba, lo confirman los pitagóricos, quienes basan su vida en la amistad y aseguran, que irremediablemente según ellos, iba a trascender después de su muerte en la memoria de sus amigos, como vivencia de la práctica y de la congruencia del pensar y el vivir entre los pitagóricos, así como la relación que consideran entre la amistad y la muerte.
Relatan la siguiente fábula, si podemos llamarla así:
Aristoceno Valerio Máximo: (Historiador Romano de los tiempos de Tiberio, 42 A.C. y 37 D. C.) Entre otros voceros de la antigüedad relatan: a cerca de la amistad que unió a Damón y Fíntias seguidores de los principios pitagóricos.
Cierto día a raíz de haberse descubierto un atentado en contra de la vida de Dionisio Rey tirano que reinó en la ciudad de Siracusa en Sicilia, cruel y despiadado que a cualquiera que provocara su enojo era irremisiblemente condenado a muerte, se acusó a Fíntias de haber participado en él, y no pudiendo demostrar su inocencia fue condenado a morir, para lo cual pidió que le fuera concedido un plazo de un mes, para poner en orden sus negocios ya que de no hacerlo, su familia quedaría en la desgracia, y aseguró que al final de éste, él regresaría para cumplir su sentencia, el rey burlonamente le preguntó: como garantizaría que en cuanto estuviera libre ya no regresaría. Fíntias con mucha seguridad le dijo, llama a mi amigo Damón y él pagará con su vida, en caso que yo no regresara, así lo hicieron y grande fue la sorpresa del Rey, que Damón aceptara de buen agrado la substitución, concedido el permiso con tal garantía, partió Fíntias, pasaron una y dos semanas, transcurriendo el mes y llegó el día de la ejecución que había de cumplirse, sin noticias ni rastro de que Fíntias regresara, todos comentaban con morbosidad la temeridad, el arrojo y la inocencia de Damón, a lo que éste contestaba con mesurada calma, que no le importaba morir porque estaba seguro de la lealtad de su amigo Fíntias. Al acercarse la hora señalada, que era la del crepúsculo, crecían las dudas y la inquietud, pero Damón continuaba sereno e impasible y cuando ya el sol zozobra en el ocaso y era casi seguro que Damón moriría, presentose el Rey Dionisio con objeto de ver morir al rehén. Casi en el mismo instante en que se iba a efectuar la ejecución llegó Fíntias abrazó a su amigo, estaba rendido de fatiga y llevaba el traje sucio por el viaje, habían matado a su caballo y hubo que adquirir otro y corriendo a todo galope pudo comparecer a tiempo, para salvar a su amigo Damón de la muerte; asombrado el Rey Dionisio, que no habría visto jamas semejante fidelidad, se dirigió a Damón y a Fíntias, les estrechó la mano y les pidió además de perdonar la pena, le admitieran como un tercer miembro del consorcio de su amistad.
Como complemento de esta fábula se dice, que en la constelación de Orión, la que se encuentra entre la triangulación que forman Can mayor, Tauro y Can menor, existió un plante que se dividió en dos partes y cada una lleva los nombres de Fíntias y Damón.
Una aseveración más de la amistad, es la siguiente: Un rico comerciante, prometió a cada uno de sus diez hijos que a su muerte les heredaría 100 denarios a cada uno, cuando llegó la hora de su partida, resultó que nada más poseía 950, denarios, de los cuales entregó 900 a los nueve hijos y al menor le dijo, no tengo más que 50 denarios y se ocupan 30 para mi entierro y demás gastos, así que a ti nada mas te daré 20 denarios, pero además te entregaré una carta para mis mejores amigos, después de la muerte del padre los nueve hermanos partieron, y el más chico se quedó sólo, gastó su dinero poco a poco, y cuando nada más le quedaba un denario, invitó a una comida a diez de lo amigos de su padre, ellos vinieron y comentaron que es el único de los diez hijos de nuestro finado amigo, que se acuerda de nosotros, es tan pobre y aún así nos agasaja, debemos de ayudarle, entre todos establecieron para él una lechería, y no tardó mucho en progresar, lo que él comprendió y dijo, no cabe duda que a mi, mi padre me heredo mas que a mis hermanos, he aquí el valor de la amistad.
En todas las épocas se ha hablado de la amistad, en algunas veces grandielocuentemente y en otras como en la nuestra, se ha olvidado, pero existen quienes la consideran un concepto altruista y noble.
Grandes y geniales pensadores, han hablado de ella y se han expresado en términos muy hermosos de la amistad, tales como: PLATON, SOCRATES, ARISTOTELES, CISERON, SHAKESPEARE, BACON, PLATON, toca el tema de la amistad, en el diálogo de Lisis y con referencia a su mentor y amigo Sócrates. Parte de Sócrates del pensamiento firme y central, de que la amistad descasca fundamentalmente en el amor, y se regula por la virtud, afirma que el manantial del efecto es un impulso inconcreto e indefinible y así mismo, como el amor debe ser recíproco.
El motivo que nos impulsa a acercarnos al amigo, es la necesidad de algo y con espíritu de servicio correspondió, continúa diciendo que la amistad se conjuga con la compenetración, las amistades se empiezan por algo en común, siendo las desigualdades personales los que ocasionan un intercambio de acción de la amistad, inicialmente debe existir, una cierta benevolencia, identificación y respeto, del uno hacia el otro, en el trato constitudinario se va desarrollando una cierta intimidad y preocupación recíproca, así como una coincidencia en puntos de vista y que esto en esencia, es lo que se debe considerar como amistad.
ARISTOTELES: opina con respecto a la amistad diciendo que se finca, en la colaboración y la define como UNA CIERTA ACTIVIDAD ORIENTADA A ACCIONES RACIONALES Y ALTRUISTAS, para beneficio mutuo en cuanto a superación existencial y material. La comunicación con el amigo representa el lazo de unión menos egoísta que pueda existir entre dos seres humanos, motivados tan sólo por compartir los aspectos comunes de sus respectivas visiones de la vida tanto materiales como emocionales y tal vez espirituales.
Divide Aristóteles todo saber, en contemplativo y hacedero:
El contemplativo, se dirige, al puro conocimiento por amor a la verdad, el contemplar es teórico y el otro se encamina a la actividad es práctico, según dice, la amistad, tiene los dos sentidos el teórico por amor y el práctico, por la acción de hacer la amistad y más que un sentimiento, se convierte en una acción y al referirse a esto, es por que considera que existe el sentimiento puro del amor en la amistad, como algo ineludible y básico.
Ciserón escribe al respecto; y dice en su diálogo:
La amistad, lanza un rayo de esperanza en el futuro, el que mira a un amigo verdadero, es como si mirara su propia imagen y así los ausentes se hacen presentes, los pobres se hacen ricos, los débiles se hacen fuertes y lo que es más difícil de decir, los muertos reviven, tanto es el honor y la añoranza, en el recuerdo de los amigos muertos, que este resentimiento lo siguen hacia el más allá de la tumba. Esto lo escribe Ciserón en el ocaso de su vida, a los sesenta y tres años de edad y a un año antes de su muerte.