Ponencia:
Centroamérica: Paz, Transición, Gobernabilidad.

Universidad de Extremadura

Centro Extremadura de Estudios Iberoamericanos

El Salvador Democracia y Gobernabilidad

Por: Joaquín Villalobos

Desarrollo mi exposición a partir de cuatro aspectos fundamentales:

1. Datos Generales sobre lo que fue el conflicto.

2. Las transformaciones operadas en los años 80 y 90.

3. Las nuevas amenazas.

4. El reto que enfrentan los partidos políticos en el manejo de la transición.

Tratar de demostrar que ha operado un cambio real hacia la democracia y que el principal obstáculo a la continuidad positiva del proceso de democratización, es por ahora la calidad de los partidos políticos y la ausencia de cultura democrática.

EL CONFLICTO

El conflicto duró años, de 1970 a 1992. Once años fueron de confrontación político-social y once más en guerra civil. Durante ese período murieron más de 75,000 mil salvadoreños, 10,000 quedaron lisiados y según datos recientes alrededor de 1,800,000 emigraron , principalmente a los Estados Unidos. Esto significa, que uno de cada 66 salvadoreños murieron y que más de la quinta parte de la población emigró. En 11 años gastaron 6 billones de dólares en mantener al gobierno y al ejército en guerra. Esta alcanzó de forma permanente más del 70% del territorio, incluida la capital, en donde en 1989 se combatió durante dos semanas.

El contexto internacional y nacional, presionaba por un final al conflicto y esto fue creando condiciones favorables a una salida negociada. Las partes comenzamos hablando de negociación para apoyar la guerra, luego aclaramos la guerra para apoyar la negociación y finalmente la negociación volvió imposible la guerra. Se volvió ilegítimo combatir y luego ilegítimo tener armas y usarlas para resolver problemas políticos. No importa tanto, donde las partes querían ir, sino adonde las llevaba el proceso de negociación.

Algunos autores sustentan, que la democracia surge del convencimiento de los contrarios, de que ya no les es posible destruirse y que por lo tanto deben tolerarse, haciéndose concesiones, este concepto sobre el origen de la democracia, es bastante exacto con relación a lo que ocurrió en El Salvador. Una pregunta importante es por qué se genera un conflicto de tan grandes proporciones en un país de apenas 21,000 km. Cuadrados y 5 millones de habitantes.

Hay dos causas estructurales a la base del conflicto, que son comúnmente citadas: la excesiva concentración de la propiedad de la tierra y la falta de democracia; sin embargo, no ocurrió lo mismo en otros lugares de América Latina, donde habita más pobreza y dictaduras similares. Es necesario introducir elementos de análisis más específicos, tales como la división en los grupos de poder, por el agotamiento del modelo económico exportador y el sistema político autoritario.

Esto abrirá un período de contradicciones, que produjeron divisiones y luchas que debilitaron profundamente al sistema político, movilizando y dividiendo a los intelectuales, creando fuerzas políticas y favoreciendo el desarrollo de la organización y oposición popular. El fraude electoral contra la Unión Nacional Opositora en 1972, encabezada por el Ingeniero José Napoléon Duarte y la frustración del primer intento de reforma agraria en 1970, cortaron el proceso de apertura política y cambio económico estructural, que visionariamente intentaban llevar adelante sectores del capital y el ejército. Es importante señalar, que ni en El Salvador ni en la mayoría de procesos insurgentes ocurridos en América Latina, fue el Marxismo Leninismo una influencia determinante, mucho menos los Partidos Comunistas, quienes fueron en su mayoría fieros opositores a la lucha armada y consideraban a los movimientos guerrilleros, grupos aventureros pequeño burgueses, incluidas la guerrilla del Che en Bolivia, el Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro en Cuba y el Frente Sandinista de Nicaragua.

El Marxismo se convirtió posteriormente, en una inevitable influencia resultado de la polarización ideológica de la época. La Guerra Fría fue en ese sentido, un deformador de conflictos reales, explicables a partir de causas internas en cada país, que admitían y requerían soluciones nacionales. Con esto los conflictos se radicalizaron, alargaron y desnaturalizaron.

Los análisis más comunes de la derecha echan la culpa del conflicto al marxismo leninismo y los de la izquierda no integran la importancia que tuvieron los intentos de cambio y luchas que se produjeron en los grupos de poder. La lucha armada en Nicaragua, Guatemala y El Salvador, nace o cobra fuerza, en el marco de conflictos dentro del poder.

LAS TRANSFORMACIONES ENTRE LOS 80 Y 90

La pregunta fundamental sobre este tema, es si hay o no un cambio a condiciones democráticas, porque la respuesta tiene una consecuencia directa con relación a como debe hacerse política hoy. Durante los más de veinte años de conflicto y como resultado de este, se produjeron en El Salvador, cambios fundamentales en el carácter de la economía, la estructura social y el sistema político.

En el orden económico-social, podemos hablar del fin de la economía agroexportadora como consecuencia de dos hechos fundamentales: la migración y la Reforma Agraria. Las remesas familiares de los salvadoreños que emigraron a los Estados Unidos, se convirtieron en el factor determinante de la estructura económica, superando en más del 100 % a los productos primarios de exportación. Con esto, la economía gana resistencia a los problemas climáticos y a las condiciones del mercado internacional de productos agrícolas.

El impuesto al valor agregado y los aranceles, pasaron a ser la primera fuente de ingresos del Estado, superando a los impuestos a las exportaciones de café, que en el pasado, tenían una relación directa con el control del Estado por parte de la oligarquía cafetalera.

La Reforma Agraria de 1980 y las transferencias de tierra resultado del Acuerdo de Paz, produjeron una real desconcentración de la propiedad de la tierra. En 1980 el ejército, ocupó militarmente los principales latifundios, expropiando 290,000 hectáreas a los más grandes terratenientes del país y distribuyendo estas a 85,000 familias. Esa cantidad de tierras equivale al 20 % de tierras agrícolas del país y al 15% del territorio nacional. Luego se distribuyeron 132,000 manzanas a 32,000 familias, en virtud del Acuerdo de Paz.

Con esto, nacieron otros problemas y otros mecanismos de concentración de la riqueza, pero el monopolio sobre la propiedad de la tierra y el país de las 14 familias como se conocía a El Salvador, pasó a la historia. Actualmente las cooperativas de la Reforma Agraria, según datos de principios de esta década, producen el 38% de los productos de exportación.

La estructura demográfica del país se modificó sustancialmente. El Salvador es ahora un país de predominio urbano; 84 de sus 262 municipios concentran el 70% de la población, la mayoría de ellos, en la región sur occidente del país. La tasa de crecimiento poblacional se redujo y ahora se estima que en el año dos mil, El Salvador tendrá 6,000 millones de habitantes y no 9,000,000 millones como se preveía con las anteriores tasas. Por lo tanto la presión demográfica por la tierra deja de tener importancia conflictiva.

La economía de El Salvador es ahora una economía de servicios, con nuevos problemas y nuevas formas de exclusión y generación de pobreza, pero se ha superado la vieja estructura agroexportadora asociada al autoritarismo, que requería mantener a los militares en el gobierno y a la población en la ignorancia. Es curioso el dato, de que a la base de la guerra hubo una reforma educativa ambiciosa y al final de ésta hay otra en marcha.

La nueva conflictividad, está asociada a la pobreza urbana, a la continuidad de la migración del campo hacia las ciudades y a los Estados Unidos, a los problemas ambientales, a la falta de empleo y a la falta de seguridad ante el crecimiento del crimen. Estos son en definitiva retos más complejos, para la elaboración de un programa de gobierno. Los cambios en el sistema político están comprendidos en dos acontecimientos fundamentales: el Acuerdo de Apaneca de 1982 y el Acuerdo de Paz de Chapultepec en 1992. El primero establecía las bases del sistema electoral y abría una competencia más real entre los partidos y el segundo desplazó de forma más clara a los militares del poder político creando un conjunto de instituciones, que han solidificado la democracia.

Desde 1982 hasta 1997, se han realizado en el país ocho procesos electorales, cada vez menos cuestionables en su transparencia y en un ambiente de libertades democráticas, también cada vez mejor. Por primera vez en nuestra historia, tenemos tres presidentes civiles y seis parlamentos electos, sin golpes de Estado que interrumpan el proceso. Ambos acuerdos Apaneca y Chapultepec han dado base a la actual Constitución Política. El Acuerdo de Paz produjo una Reforma Militar, una Reforma Judicial, una Reforma Policial y una Reforma Electoral. La Reforma Militar contempla la depuración de 77 jefes de alto rango del ejército incluyendo al Ministro y Viceministro de Defensa; la reducción en el número de efectivos; el cambio en la Doctrina de Seguridad y en el Sistema Educativo de los oficiales, la eliminación del control militar sobre la Seguridad Pública y el sometimiento del ejército al poder civil.

La Reforma Policial contempla, la disolución total de las tres antiguas policías que dependían de los militares, la aprobación de nueva legislación policial, la creación de la Academia para la formación de los nuevos agentes y oficiales de policía y la formación de la Policía Nacional Civil, que en su primera fase se organizó con un 20% de expolicías, un 20% de exguerrilleros u un 60% de civiles sin participación en el conflicto. La Reforma Policial salvadoreña a pesar de sus defectos y errores, es sin lugar a dudas, una de las mejores y más avanzadas de América Latina.

La Reforma Judicial, contempla la independencia del Poder Judicial, a través de nuevos mecanismos de elección de los magistrados que componen la Corte Suprema de Justicia, la creación de la Escuela Nacional de la Judicatura y de la Procuraduría de Derechos Humanos.

La Reforma Electoral, contempla cambios en la estructura del Tribunal Supremo Electoral, un nuevo código electoral y la legislación de la exguerrilla como partido político. Este proceso se produjo entre los años 92 y 94 y en ese período, el país debió limitar su concepto de soberanía al realizarse bajo acuerdo entre las partes, una intervención de las Naciones Unidas, con un contingente de más de 1,000 hombres, que abarcaron las áreas militar, policial y política.

En síntesis, la reforma política le dio neutralidad al poder coercitivo del Estado, independizó el poder judicial y elevó la confianza en el sistema electoral. Estas reformas son incompletas e imperfectas, pero suficientes para abrir paso a una evolución democrática y pacífica del país. Hay una nueva derecha a una nueva izquierda en gestación , en el marco de una lucha entre pasado y futuro de toda la sociedad.

La democracia no puede resolverlo todo rápidamente, puede incluso aparentemente ser más lenta que los autoritarismos de derecha o izquierda, pero tiene la virtud, de que al resolver pacíficamente los conflictos, avanza consolidando normas, que producen progresos y beneficios notables, en plazos relativamente cortos.

En El Salvador debimos esperar 60 años para cambiar un sistema que no permitía a escoger entre varias opciones. Sus errores, nos condujeron a una guerra y a enormes atrasos. Si un resultado electoral supuestamente errado, pero producto de la voluntad popular, conduce a problemas, en cinco años se tiene la posibilidad de rectificar y eso es bastante menos, que 60 años y una guerra de 75,000 muertos.

El Salvador se ha transformado, esto no tiene discusión, sus problemas y amenazas son ahora otros, por lo tanto las estrategias para enfrentarlos necesitan ser otras.

LA NUEVA AMENAZA

Cuando estábamos en guerra teníamos seis mil muertos anuales, ahora que estamos en paz, tenemos ocho mil, producto de la violencia delincuencial, más del 25% de nuestro presupuesto hospitalario se gasta en atender a las decenas de miles de víctimas de la delincuencia.

La guerra, ha dejado a El Salvador convertido en el segundo país más violento de América Latina después de Colombia, pero considerando las variables de territorio y población puede decirse que es el primero. Esta violencia, asociada a una cultura por las armas, al método de la confrontación y a una subvaloración de la vida humana, tiene en sus orígenes a la guerra, pero ahora corremos el riesgo de que se convierta en un factor permanente, deformando nuestra sociedad y arruinando nuestro proceso de democratización.

La desintegración familiar producto de la inmigración y la caída del sistema educativo, durante el período del conflicto, con centenares de escuelas cerradas y el incremento del ausentismo, ha favorecido la violencia entre los jóvenes.

Estados Unidos deporta a El Salvador entre veinte y treinta salvadoreños al día, más del 50 % de estos son convictos por delitos. Las bandas de delincuentes de Los Angeles, aparecen con los mismos nombres en El Salvador y tienen conexiones entre ellas.

Se cometieron errores muy graves, en el proceso de desmilitarización de la sociedad y más concretamente, en los mecanismos de reinserción de los exmilitares y exguerrilleros, al punto que muchos de ellos han tomado el camino de la delincuencia.

Centroamérica durante el conflicto se convirtió en una zona estratégica del tránsito de droga hacia los Estados Unidos, creando corrupción y desarrollando el crimen organizado. Todos los factores señalados han contribuido a generar una guerra quizás peor que la anterior, con más víctimas y sin un frente definido para combatir el problema.

En conclusión, estamos bajo el riesgo de que la violencia adquiera vida propia y se convierta en parte de nuestra cultura, que se transforme en una epidemia en donde sectores significativos de la población, vean a la ley , al orden y a las instituciones como enemigos. La violencia, la pobreza y la falta de oportunidades, han creado una situación en donde las opciones más fáciles para mejorar económicamente, son delinquir o emigrar.

Los partidos políticos han sido incapaces de entender este fenómeno, habiendo sido posible diseñar y aprobar una política de Estado que permita atender y resolver el problema en el mediano y largo plazo.

LOS PARTIDOS POLITICOS Y LA TRANSICION

Con el final del conflicto, los partidos entraron en una crisis producto del cambio a condiciones democráticas del país. Todas las instituciones del sistema fueron reformadas, pero no se puso interés en ayudar a que los partidos, pudieran también reformarse y responder de mejor manera a la nueva situación. La crisis se expresa básicamente en:

1. El predominio del cuerpo de activistas y la clientela electoral dentro de los partidos. La guerra exigía menos calidad en la política. La diferencia está entre los que pugnan por aperturas, modernización y cambios en los conceptos de organización y los que exigen la democracia de las bases ideológicas, para realizar derechos históricos y espacios de poder para la militancia. Unos quieren gobiernos de partido y los otras modalidades de gobierno, que respondan más a un interés nacional y a soluciones intelectuales lógicas. Esta lucha, se expresa también en la diferencia entre los que propugnan por fortalecer la masa crítica de los partidos y los que quieren mantener la hegemonía de los activistas. La incoherencia de ARENA, el populismo del FMLN y las dificultades para la unidad de los partidos de centro, se explican a partir de esto.

2. Las diferencias en las formas de hacer política. Aparecen apartir de la interpretación del cambio democrático, entre los que valoran que hay un cambio real y por lo tanto necesidad de nuevas formas de hacer política y los que sostienen la desconfianza, como concepto principal de política y los que sostienen la desconfianza, como concepto principal de política y los que sostienen constantemente a ver riesgos y a continuar aplicando conceptos del pasado. Dado lo primitivo de los partidos, la política es entendida como veto o imposición siendo el desgaste del adversario lo principal a la hora de actuar, sin interesar si esto conduce a debilitar el sistema democrático mismo.

3. Las diferentes programáticas. Estas se expresan entre los que entienden la urgencia de poner al país a tono con la globalización, ya sea desde una visión de izquierda o de derecha y los que creen que el país puede estar separado de esa realidad. La diferencia básica es la comprensión de la globalización como realidad que se nos impone y los que la ven, como algo que se puede dejar o tomar. El fuerte debate y las vacilaciones, sobre la privatización de la Administración de Telecomunicaciones (ANTEL) en El Salvador, tres años después de que Cuba había vendido el 49 % de su empresa estatal, refleja claramente este problema.

4. El manejo de los intereses de personas o de grupo. Es completamente normal que existan en toda fuerza política, el problema es que no hay reglas, ni experiencia en los partidos para manejar estos problemas, sin afectar su cohesión interna. Recién salimos de un período dominado por una modalidad de caudillismo y esto bloquea el desarrollo de los partidos, como instituciones funcionales. La tendencia dominante, es a fraccionarse o inestabilizarse. La falta de fuerza intelectual, que actualmente tienen los partidos, los hace más vulnerables el manejo de este problema.

Tenemos en realidad tres izquierdas constituidas como partidos formales y dos más dentro del FMLN en proceso de gestación. Tenemos tres derechas formales como partidos y dos dentro de ARENA y finalmente la Democracia Cristiana con dos partidos formales y una situación de permanente inestabilidad. Hay una situación de deterioro y descomposición de la política y un bloqueo a la posibilidad de articular políticas de Estado y de interés nacional, para plazos mayores.

Actualmente, hay riesgo de debilitamiento o extinción de las fuerzas de centro debido a la polarización. Es una situación similar a la de Nicaragua. Una izquierda populista y radical, que ha crecido capitalizando descontentos, pero que no tiene credibilidad, ni capacidad para gobernar y una derecha socialmente insensible, que mantiene su fuerza capitalizando temores hacia esa izquierda radical.

En definitiva, la fuerza de una izquierda inmadura, termina sirviendo para acelerar la modernización de la derecha, esto es algo positivo, pero que ante la ausencia de una oposición viable, conduce al país a un monopolio del poder. La viabilidad del FMLN, la ventaja de ser el poder tradicional que tiene la derecha y la no-unificación de los partidos de centro, no están produciendo el balance de fuerzas que El Salvador necesita.

CONCLUSIONES

1. Era de observar a nuestro país y otros de Centroamérica como lugares exóticos de dictaduras, guerrilleras y revoluciones radicales, ha terminado. Hay un resultado concreto, que se manifiesta en una democracia naciente, producto de lo hecho entre todos los que se interesaron por la democratización de El Salvador. Tenemos ahora nuevos problemas.

2. Necesitamos una derecha moderna y moderada y una izquierda viable y capacitada para gobernar. La competencia de ambas por posesionarse del centro debe conducirnos a beneficiar a los pobres, con una sociedad más segura y próspera. En ese sentido el fortalecimiento de una izquierda social demócrata en El Salvador es urgente.

Finalmente como dijo Sergio Ramírez en su exposición “ esta es la era del conocimiento”. Para que El Salvador y Centro América tengan un futuro próspero, ya no podemos partir de derechas diestras ni de izquierdas siniestras, tal como los señala el presidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra.

El Salvador y los países centroamericanos en general, necesitan que sus partidos abandonen la política de arruinar al país, para sacar ventajas entre ellos, esa etapa primitiva de la política debe terminar. No se puede perder una elección y obligar al que gana a que aplique nuestro programa. Con la democracia la negociación pasa a ser el instrumento fundamental de la política y cuando surge la legítima necesidad de la presión social, esta debe ser ejercida dentro del marco legal.

Las políticas de Estado y los pactos entre las fuerzas sociales y políticas, deben permitir que gobernabilidad y competencia por el poder, dejen de ser incompatibles. No hay ninguna posibilidad de éxito, en la atención de los problemas de la pobreza, si esto no se resuelve y para que ello sea posible se necesita partidos intelectualmente fuertes. Por lo tanto la educación es nuestra más urgente prioridad.

Educar a los ciudadanos, para que nuestra economía ser más productiva y competitiva. Educar, para salir de la cultura de la violencia y ser gentes de paz.

Un amigo, me hizo una cita de un personaje que dijo que “los pueblos felices no tienen héroes, porque no tienen guerras “. Permítanme cerrar mi exposición, con una referencia a esta cita, relacionándola con los pueblos centroamericanos, que utilicé en una conferencia sobre la Pacificación y Reconciliación en Bosnia, realizada el año pasado en Londres, con representantes de las partes en conflicto y conocedores de las experiencias de Irlanda, Sud Africa, Israel , Palestina y El Salvador.

En Centroamérica los guatemaltecos, nicaragüenses y salvadoreños, que han padecido guerras y altos índices de analfabetismo, suelen decir que los costarricenses son hipócritas y cobardes, porque son educados y pacíficos.

Yo aspiro, dejarles a mis hijos un país, donde no tengan ninguna oportunidad de ser héroes, no me importa, si dentro de cincuenta años dicen que somos un pueblo cobarde.