Marco Teorico – Metodologico Para El Estudio De La Obra De Los Pensadores Politicos (Mapa Cognitivo).

 
Dr. ( c ) Roberto Vila De Prado
titov@acelerate.com
Profesor Emérito
Universidad Gabriel Rene Moreno
Santa Cruz de la Sierra
Bolivia

T. Di Tella aborda el problema desde la perspectiva estratégica:

"En la sociedad se da fundamentalmente un conflicto bipolar, entre los que tienen y los que no tienen, o entre los que están a favor de los cambios y los que sostienen el status quo. Este es el conflicto principal latente, que por cierto no impide que a menudo la escena sea multipolar, debido a complicaciones dentro de este esquema básico, o a la imposibilidad de unirse los que deberían estar del mismo lado" (Di Tella, 1970; 161).

Si de discurso político se trata, es conveniente recordar que para Eliseo Verón uno de los ejes fundamentales de tal discurso es la oposición nosotros / ellos, por lo que la enunciación política parece inseparable de la construcción de un adversario. Surge entonces una contradicción que se manifiesta, por una parte, en la búsqueda de un "nosotros" que abarque a la mayor cantidad posible de destinatarios (y destruir a "ellos"); y, al mismo tiempo, la necesidad de identificar a los adversarios para justificar la toma de la palabra. (Verón, 1999; 7).

Las dicotomías constituyen una estrategia importante en el estudio de los conflictos, pero Hirschamn (1994) y Mires (1996; 162) afirman que convertir conflictos que se rigen "por lo uno o lo otro" en conflictos de "más o menos" ha sido el mérito democrático de Mandela y Arafat.

4.2. Estado, nación, pueblo.

El concepto de “nación” se distingue tanto del concepto “ Estado” como del concepto “pueblo”. La nación se mueve en el plano de las identidades colectivas que establece la solidaridad del “nosotros”, los miembros de una colectividad distinta de “ellos”, los miembros de otras colectividades.

El Estado tiene para el liberalismo su origen en un pacto celebrado por ciudadanos responsables que comprenden lo estipulado y están dispuestos a mantenerlo, al menos mientras la otra parte lo respete. La noción de “ciudadanía” en las democracias liberales parte del reconocimiento de que las personas, en tanto miembros de una nación, tienen derechos que se expresan a través de acciones tales como opinar, elegir representantes, participar en debates y exponer libremente sus ideas.

Sin embargo, también hay una idea romántica de la patria y la nación que tiene gran importancia en la búsqueda de sentido. Mientras el nacionalismo de la Revolución Francesa enfatizaba la igualdad entre los hombres y proclamaba la soberanía popular, el romanticismo alemán señalaba que los elementos constitutivos del Volk (pueblo) eran la lengua común, la sangre y la tierra. Estos elementos son expresiones de una fuerza unitaria que normalmente se define como el alma, la mente o el espíritu de un pueblo; en el lenguaje de Hegel, el Volkgeist o el carácter de una nación" (Guibernau, 1996; 67 - 68).

El Estado – Nación creado por las revoluciones burguesas se transformó en un modelo, en parte impuesto y en parte adoptado, por casi todos los países del mundo.

Para algunos filósofos, como Gellner y Habermas, el nacionalismo es la consecuencia necesaria de ciertas condiciones sociales. La necesidad de crear un espacio para la libre circulación de las mercancías y abolir los privilegios condujo a la expansión de la autoridad soberana del Estado. Este crecimiento del Estado y del aparato administrativo hizo que ya no pudiera considerarse a la mera fuerza como el único recurso para la dominación. Surge, entonces, el ciudadano y se establecen relaciones de reciprocidad entre gobernantes y gobernados; por lo que el consenso comienza a tener tanta o más importancia que la fuerza (Held, 1997, 90 - 91).

Con el advenimiento de las sociedades burguesas y la disolución de los privilegios tradicionales, "la masa de los individuos así liberados se torna móvil, no sólo políticamente como ciudadanos, sino económicamente como fuerza de trabajo, militarmente como obligados al servicio militar y, también culturalmente como sujetos a una educación escolar obligatoria..." (Habermas, 1998, 89).

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