Motores De Persistencia.

 
Dr. Vicent-Ramon Palasí Lallana.
Director Académico de la
Universidad Francisco Gavidia.

3. Aplicaciones Tradicionales.

Como conclusión de lo que se ha dicho hasta ahora, una aplicación está formada por un programa y una base de datos que se comunican entre sí. El programa suele estar diseñado según el modelo orientado a objetos y, por lo tanto, trabaja con datos en formato de objetos. Por el contrario, la base de datos está diseñada según el modelo relacional y, por lo tanto, trabaja con datos en formato de registros. Esto introduce una dificultad importante, porque los dos formatos de datos (objetos y registros) son incompatibles entre sí. Así, cuando el programa quiere guardar o recuperar los datos en disco (para que no se pierdan entre ejecuciones), lo hace n forma de objetos, pues es el formato de datos que conoce. Sin embargo, la base de datos no puede guardar o recuperar objetos, pues está diseñada para guardar o recuperar registros (y no objetos), que es el formato de datos que ella reconoce. Esto se muestra en la figura 6. Resumiendo, los formatos de datos que utilizan el programa y la base de datos son incompatibles entre sí. Podemos decir que el programa y la aplicación hablan “idiomas diferentes” y, por lo tanto, debemos encontrar una solución para que se comuniquen.


Figura 6. El programa y la base de datos usan diferentes formatos de datos.

La solución más obvia a este problema es hacer que uno de los componentes hable el idioma del otro. Es decir, que un componente use el formato de datos del otro. Así, la primera opción que examinamos en este artículo es la de que el programa esté diseñado para tratar con datos relacionales, la cual se refleja en la figura 7. En esta opción, tanto el programa como la base de datos hablan un mismo idioma: el relacional y utilizan como formato de datos el de registro. Por lo tanto, la comunicación es posible.


Figura 7. Arquitectura de una aplicación tradicional.

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