Condiciones Básicas Para El Aprendizaje De Los Niños Pequeños.

 
Salvador Ladislao Reyes
Docente e Investigador de la
Universidad Francisco Gavidia
sreyes@ufg.edu.sv

La teoría educativa supone que el aprendizaje debe estar apoyado por condiciones que favorezcan la asimilación de los conocimientos, sin violentar las situaciones naturales donde se producen los contactos entre el intelecto con la forma de conocer el mundo exterior, que a la postre termina por ser el objeto de conocimiento. De esta manera, en todos los estratos de la sociedad, cada niño y niña desarrolla sus capacidades intelectuales de acuerdo a las diferentes situaciones ambientales en donde tienen lugar y concreción real las vivencias que les capacitan y preparan para la vida de relación con las personas que le rodean y para vida escolar. La adquisición de esas primeras experiencias de los niños y niñas son fundamentales para el su desarrollo intelectual; pero no todos cuentan con los medios apropiados para su desarrollo, ya que algunos son rodeados de estímulos que favorecen enormemente su crecimiento integral, que manifiestan por medio del buen comportamiento, presentan buena salud, disposición para el trabajo, vocabulario adecuado y suficiente e imaginación creadora; otros, en cambio se encuentran con condiciones ambientales limitadas que frenan su normal proceso de desarrollo intelectual; especialmente en los primeros años de vida, edad en la cual se adquieren las experiencias previas que sirven de base para la asimilación de conocimientos más amplios en armonía con su crecimiento físico. De manera que las condiciones ambientales son decisivas en la maduración para el aprendizaje, porque están íntimamente relacionadas con el crecimiento orgánico, psicoafectivo y social del pequeño. Si las experiencias infantiles están orientadas en forma adecuada, necesariamente conducirán a un aprendizaje efectivo; mientras que si por el contrario esas vivencias carecen de dirección o no se producen para formar experiencias útiles y positivas, probablemente lleguen a causar dificultades en el proceso de formación y preparación para el aprendizaje sistemático.

Las oportunidades de desarrollo intelectual que se presentan en concordancia con el medio en el que el niño y la niña de desenvuelven, también originan condiciones de aprendizaje que dependen de la orientación que se les proporcione y del afecto que debe existir entre el que enseña y el que aprende o sea, el educador y el educando. El entorno ambiental en el cual los niños y niñas tienen contacto físico y afectivo de convivencia agradable y positiva con los miembros de la familia y además, gozan de condiciones y cuidados saludables, será propicio para un desarrollo educativo de mejores características, que un ambiente cargado de desventajas que límite las oportunidades de experiencias apropiadas.

La educación formal.

Cuando el niño y la niña se trasladan al ambiente escolar, la maestra de educación parvularia ejerce una influencia decisiva en el proceso de aprendizaje, debido al tratamiento psicopedagógico y afectivo que estos estudiantes del nivel elemental obtienen por los medios metodológicos del aprestamiento para el aprendizaje de la lectoescritura y las nociones iniciales del cálculo matemático. Este proceso preparatorio debe estar dotado de procedimientos adecuados que sean garantía de un aprendizaje efectivo, auxiliado con las técnicas y los medios necesarios para facilitar la asimilación de los conocimientos, aplicando diferentes estrategias metodológicas y procedimientos que se traduzcan en una verdadera dirección del aprendizaje; cuya base deberá estar centrada en las experiencias que los estudiantes ya poseen, las cuales deberán ampliarse dentro de la comprensión y percepción de un mundo real, conceptualizados con auxilio de las experiencias escolares y la práctica del conocimiento.

Sin embargo, algunas veces la maestra pasa desapercibidas situaciones que tienen relación con las dificultades de aprendizaje que los niños y niñas presentan con frecuencia; por ejemplo, los alumnos poco comunicativos, por lo general presentan problemas de vocabulario y escasa expresión verbal, los que muestran cierta torpeza para realizar actividades motrices, también tienen limitaciones para la creatividad que les impide percibir formas, especialmente cuando ponen en juego destrezas en donde es necesaria la motricidad fina; otros presentan deficiencia de ubicación temporoespacial debido al escaso desarrollo de la coordinación sensorial audiovisomotora, audiomotor y vasomotora y otros poseen un potencial de curiosidad que deriva en una diversidad de intereses que les hace perder la concentración en virtud de los distractores presentes en otras actividades. La maestra debe tener una preparación profesional sólida en su especialidad, que le permita detectar y sugerir tratamientos especializados para corregir las condiciones que afecten el aprendizaje; además, debe corregir aquellas dificultades de aprendizaje que son propias de su desempeño como educadora parvularia.

La variedad de conductas no controladas que poseen algunos niños y niñas, ponen en riesgo la fase de aprestamiento para el aprendizaje si a éstas no se les proporciona el tratamiento adecuado; de manera, que conviene antes de comenzar el período de preparación para la adquisición del conocimiento, hacer un diagnóstico individual, a fin de detectar cuáles son las habilidades y destrezas que los estudiantes ya poseen para reforzarlas; o bien, descubrir cuáles son las potencialidades que hay que desarrollar con el propósito de facilitar el proceso inicial de desarrollo intelectual. El conocimiento de un inventario particular de destrezas, habilidades, dominio del lenguaje y otros conocimientos con que ya cuenta cada estudiante, facilitará el tratamiento y aplicación de los procedimientos que más se adapten a las condiciones propias de cada niño o niña.

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