Adiós a la época contemporánea.

Zenobio Saldivia Maldonado
Universidad Tecnológica Metropolitana
Stgo., Chile
szsaldivi@utem.cl

Antecedentes demarcatorios.

Actualmente, pareciera que estamos utilizando la categoría histórico-cultural: "época contemporánea", más allá de su universo significativo; como una noción cuyo contenido denotativo y connotativo, ha quedado ya desbordado en el ejercicio del discurso cotidiano. Esto quiere decir, que la delimitación histórica y temporal que presenta la misma, así como la significación cognoscitiva y cultural que encierra en su simple nominación; está sobrepasada en el contexto escrito y en el discurso hablado habitual del mundo occidental.

El término compuesto "época contemporánea" o más exactamente "edad contemporánea"; corresponde a la designación de un hito específico del devenir histórico, que encierra los diversos acontecimientos que se suceden desde la Revolución Francesa (1789) hasta el presente. Este es su contenido sinóptico en uso. Empero, la mera utilización frecuente del concepto categorial mencionado, no es equivalente a una clara comprensión de la significación delimitatoria del mismo en el ámbito social; ni tampoco quiere decir, que la comunidad de estudiosos de la historia, posea un conocimiento acabado acerca del contenido semántico, o de las proyecciones cognoscitivas y epistemológicas de la noción "edad contemporánea", por el simple hecho de que éstos, la empleen habitualmente y ubiquen bien sus deslindes de periodificación.

La invención de la noción "edad contemporánea", acontece a comienzos del siglo XX y se enmarca en la línea de pensamiento racionalista que realizara antes, el erudito alemán Christoph Keller (1634 - 1707), quien en el siglo XVII e imbuido del ideario de alcanzar una Historia Universal, publica algunos volúmenes de historia como textos de estudio para sus alumnos con los títulos de: Historia Antiqua, Historia Media Aevie, Historia Nova.(1)

Así, la noción "época contemporánea", resulta ser una creación de los estudiosos de la historia que continúa el esquema racionalista anterior, para delimitar y tipificar el último corte histórico-temporal del hacer humano, que desde nuestra perspectiva cubre un poco más de los doscientos últimos años más cercanos a nosotros. Y justamente dentro del significado de dicha idea, tanto el lector como el resto de los agentes sociales e históricos a que alude el presente hito, quedamos subsumidos en el ámbito denotativo de la noción en cuestión; es la única categoría histórica que periodifica un universo social, político y cultural en plena ebullición, una praxis inacabada en la cual nosotros mismos somos a la vez, actores y espectadores de nuestro devenir.

La categoría conceptual "época contemporánea", actualmente, ha desbordado el marco del discurso historiográfico y su empleo se ha extendido a casi la totalidad de los campos disciplinarios y del uso del lenguaje en general; pero en este proceso expansionista, no siempre respetamos la misma significación denotativa y connotativa que le corresponde por definición. Así, este término se emplea frecuentemente en su énfasis cronológico, para aludir al último trozo del devenir histórico, que incluye los sucesos del plano social, político, epistemológico o cultural, entre otros; que quedan subsumidos en él por definición; o también lo empleamos, para indicar uno de estos planos o un conjunto de los mismos, dentro del lapso de tiempo que convencionalmente representa.

Muy a menudo también, se utiliza la voz "edad contemporánea", para dar cuenta de una era donde prima la presencia de un tipo de hombre diferente al de otras épocas; es decir, de un sujeto que se desenvuelve entre complejos y abundantes artificios tecnológicos que se suceden con vertiginosa rapidez. Otras veces, dicha noción suele identificarse con los tiempos modernos, entre otras de sus acepciones frecuentes, tanto fuera de la comunidad de historiadores como al interior de la misma. Metafóricamente hablando, es como si estuviéramos inflando un globo que está a punto de reventar porque sus paredes no resisten más la presión del aire que se sigue introduciendo. En este caso, el globo representa la categoría conceptual que nos interesa; la presión del aire, sugiere por una parte, el uso extensivo que hacemos de la misma en nuestra cultura y sociedad, y por otra, representa también la vaguedad conque la utilizamos en nuestros discursos profesionales, en el ámbito académico, en los medios de comunicación y también en la vida cotidiana. Así, dicha noción es empleada ora como una categoría, ora como un mecanismo operativo, o bien como un instrumento teórico, o como un proceso lógico de petición de principio; y tales sentidos que presenta su utilización, se debe exclusivamente al hecho de que no hemos encontramos nada más adecuado, por ahora, para rotular la última era histórica.

La categoría conceptual "Edad Contemporánea" y otros hitos de periodificación.

La noción "edad contemporánea", pretende por un lado, abrir y cerrar cronológicamente el último plexo histórico; por otro, persigue estandarizar cognoscitiva y culturalmente un contexto dinámico del género homo, en su propia marcha histórica. Pero ¿logra efectivamente ambos cometidos? Las otras categorías conceptuales que delimitan los restantes grandes períodos históricos, expresan una significación demarcatoria bien definida cronológicamente, para cubrir universos de tiempos y eventos ya totalmente decantados; en este sentido, son elementos teóricos que fijan y cierran trozos de la marcha histórica en sus aspectos cuantitativos y cualitativos. Y por tanto, no se agotan en una mera cuantificación cronológica, sino que también llevan implícita, en el plano cualitativo, por el factum de la denominación que cada período sugiere ya a priori, un marco cultural y axiológico definido para estos otros hitos.

 

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