El cooperativismo en El Salvador: tendencias actuales en el marco de la globalización.

Este último período se caracteriza por la promoción de asociaciones cooperativas de empleados y trabajadores asalariados, con la finalidad de proveerse de financiamiento para necesidades personales o familiares, mediante el ahorro y crédito, así como de proveerse de bienes de consumo personal y familiar mediante las denominadas cooperativas de consumo.

Por este tiempo también se avanzó en el desarrollo del cooperativismo en el país, pero fuera del ente estatal antes referido, pues los agricultores promovieron y organizaron sociedades cooperativas con la finalidad de transformar su producción agrícola o pecuaria, es decir beneficiarla o industrializarla de manera cooperativa, así como proveerse de insumos a mejor precio para sostener sus actividades primarias. Este fue el caso de ganaderos (lecheros), cafetaleros (beneficiadores de café) y cañeros (azucareros), por lo menos.

También durante este período los transportistas dedicados al servicio de carácter colectivo o selectivo, desarrollaron sus asociaciones cooperativas para proveerse de repuestos, insumos o equipos, incluso llegaron a prestar el servicio de transporte colectivo o selectivo mediante empresas de servicio al público, de propiedad también cooperativa.

Los años ochenta del siglo veinte fueron el escenario del proceso de reforma agraria, con base en cuyo decreto se originaron las asociaciones cooperativas agropecuarias de reforma agraria bajo fuerte protección del Estado. Era el momento del inicio de la última guerra civil en El Salvador.

Si bien todas las cooperativas (sociedades y asociaciones) que se organizaron hasta los años setenta eran de servicios, a partir de 1980 se entró de lleno en la etapa de las cooperativas de producción o de trabajo, en las cuales, se haya tenido claro o no, los socios tenían por finalidad proveerse de un puesto de trabajo, dado que la propiedad de las mismas es de carácter colectivo, y que sus miembros (en general) carecían de propiedad individual de la tierra. Pero este proceso además, trajo consigo la fragmentación de las cooperativas de agricultores, dando origen a otro ente estatal y a otra ley (la Ley de Asociaciones y Organizaciones Campesinas).

Ya en la fase de finalización de la mencionada guerra civil y también después de la firma de los Acuerdos de Paz, se avanzó un poco más, pues se organizaron empresas cooperativas de integración (segundo grado), dedicadas a servirle a sus socios en la comercialización internacional de productos agrícolas de exportación como el café, así como también se avanzó un poco en el ámbito de la intermediación financiera cooperativa, constituyéndose empresas (sociedades y asocia-ciones) cooperativas financieras y de seguros que ofrecen servicios similares a los de los bancos y aseguradoras comerciales de naturaleza anónima. También se "crearon" asociaciones cooperativas de desmovilizados de la fuerza armada y de la guerrilla, previa asignación de tierras en pro indiviso.

Con las respectivas diferencias algunos agrupamientos cooperativos han conformado subsistemas cooperativos, sin embargo, como totalidad, el cooperativismo salvadoreño se encuentra todavía muy lejos de constituir un verdadero sistema cooperativo integrado como debe ser.

Influencias de las políticas nacionales en el sector condicionadas por el subsistema neoliberal.

En este apartado y como punto de partida se debe plantear que el cooperativismo siempre ha sido influenciado en nuestro país por determinadas fuerzas (padrinos y madrinas), cuya influencia no siempre ha sido lo mejor o lo más conveniente, ni para los cooperativistas ni para la nación en su conjunto.

El Gobierno de El Salvador por diferentes mecanismos, el Gobierno de los Estados Unidos de América a través de mecanismos de la Alianza para el Progreso o de la Agencia para el Desarrollo Internacional; la Iglesia Católica y algunos Partidos Políticos a través de sus programas sociales han tenido, en mayor o menor grado, cierta injerencia en los asuntos cooperativos con repercusiones que ameritan análisis.

Durante los últimos veinticinco años, algunos de estos agentes introdujeron serias distorsiones en el cooperativismo salvadoreño, lo que ha conducido a diversas estructuras gubernamentales y normativas sobre la materia, paternalismo, asistencialismo, clientelismo político y dependencia en el ámbito de estas organizaciones. Se ha recurrido al "fomento" de cooperativas como política contra revolucionaria o contra insurgente, como política antisindical, como política asistencialista o bien como política de bases o masas de partidos de derecha, centro e izquierda. Las consecuencias están a la vista, un sector cooperativo con grandes debilidades, sin el peso ni la presencia económica, política y social que debería tener, sin autonomía, fragmentado y disperso y sin horizonte estratégico para su propio desarrollo.

En estricto sentido no ha habido una Política Cooperativa pues políticas nacionales son aquellas directrices generales de trabajo o acción sobre determinadas materias, que emanan del Estado a través de sus Órganos competentes, con el propósito de inducir resultados específicos. Una correcta política cooperativa podría haber incidido en el fortalecimiento económico y el desarrollo de los pequeños y medianos productores de bienes y servicios, en su afirmación como individuos y ciudadanos, y en la democratización de la economía y la sociedad salvadoreñas.

No obstante lo anterior, como hemos visto previamente, la política en cuanto a la forma cooperativa empresarial de organización, si acaso, ha carecido de coherencia y de claridad, habiendo perdido las características positivas que tenía a mediados del siglo pasado.

 

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