El cooperativismo en El Salvador: tendencias actuales en el marco de la globalización.

 

 
Por José Francisco Marroquín1
Especialista en temas económicos
consultad@amnetsal.com

Introducción.

En El Salvador, existe desde hace varios años un conjunto de temas que han sido relegados de la agenda pública por quienes tienen el poder para hacerlo. Este es el caso de temas como la Reforma de Salud, la Reforma Tributaria, la Reforma Agraria , el Desarrollo Rural, el Sindicalismo y el Cooperativismo, entre otros.

Pero por otra parte predominan posiciones que privilegian la Libertad de Empresa y de Comercio, la Privatización de Servicios Públicos y la Reducción del Estado, y otras por el estilo. Este escenario define el marco de esta conferencia, pues asistimos a un proceso de globalización inclinado hacia lo meramente económico, caracterizado por el énfasis en concepciones neoliberales que también son acomodadas a los intereses de los círculos de poder económico y político del país.

¿Cuáles son las posibilidades del cooperativismo dentro de este contexto? A ello habrá que darle respuesta después del respectivo análisis, que debe incluso ser crítico de la realidad actual del cooperativismo en El Salvador, y que también debe ser propositivo en lo que a cambios necesarios se refiere.

Breve reseña histórica del cooperativismo en El Salvador.

Como es sabido, las primeras ideas sobre cooperativismo en nuestro país datan de finales del siglo antepasado dado que, muy cerca del año 1900 se introdujo como materia de estudio en la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales de la Universidad de El Salvador.

Posteriormente, en los primeros veinte años del siglo pasado se promovieron y organizaron las primeras cooperativas de artesanos, cuya finalidad era proveerse de materias primas y materiales para elaborar sus productos, con la consiguiente ventaja de adquirir esos insumos productivos a menor costo y con mejores condiciones en virtud del esfuerzo cooperativo.

Más tarde, y como una de las consecuencias positivas de la finalización de la segunda guerra mundial, se promovieron y organizaron las cooperativas de agricultores, con la finalidad de proveerse de financiamiento para su producción agropecuaria, las que adoptaron la denominación de Cajas de Crédito Rural.

Nótese que, como era lo normal, se trataba de productores individuales que recurrían a la forma cooperativa como medio para ampliar sus posibilidades económicas a largo plazo. Asimismo, durante los años cuarenta y cincuenta era más que evidente que el cooperativismo cumplía con los principios de autoayuda, subsidiaridad y territorialidad, que se perdieron posteriormente.

Hacia el fin de la década de los sesenta del siglo anterior, se trató de institucionalizar lo relativo a esta materia mediante la creación de una entidad del Estado dedicada a fomentar el cooperativismo emitiendo, además de su Ley Orgánica, una Ley General de (Asociaciones) Cooperativas. No obstante lo anterior, las cooperativas existentes con anterioridad bajo la modalidad jurídica de Sociedades Cooperativas quedaron fuera de este mecanismo y de esta ley, y permanecieron sujetas a la legislación contenida en el Código de Comercio.

 

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